Alejandro tamborileaba sus dedos sobre el escritorio con su mirada fija en el monitor que tenía al frente. Con mucho aburrimiento, revisaba el ejercicio que le había asignado el profesor. Él y su grupo se encontraban en la segunda hora de la clase de informática en el centro de cómputo. Un gruñido lo hizo acelerar los movimientos de sus dedos, era el décimo gruñido del día. Alejandro volteó a ver a su amigo con enfado; sin embargo, Hilal, seguía con una fastidiada mirada fija en el monitor de su computadora jugando buscaminas, en ningún momento hizo el trabajo de la clase. — ¿Tenemos que hacer esta estúpida rutina siempre? —Dijo con pesadumbre. — ¿Cuál rutina? —Refunfuñó Hilal con voz grave sin dejar de jugar en la computadora. — ¡Esta rutina! Tú te ves de la mierda, yo tengo que pre

