Capítulo 46

2061 Palabras
De repente, Antonio se detuvo, haciendo prácticamente que ella tropezara. -¿Puedes bailar con esa pierna? -Tampoco se me da demasiado bien con las dos buenas - respondió él, apoyándose contra la pared -. Creo que ya he tenido mas que suficiente de toda esta gente por una noche. Vayámonos.  Sandra se alegro de marcharse. Solo había esperado mantenerse fría y segura de si misma y uno montar un espectáculo de un cabaré. Durante unos minutos, condujeron en silencio. Antonio se dirigía al molino, lo que a ella no le importo. No quería ir a casa mientras su madre pudiera seguir despierta. -¿Querías bailar con él? - pregunto Antonio por fin. -No, probablemente el pidió que tocaran nuestra canción y... Bueno, lo siento por él. Parecía como si yo le hubiera dado una bofetada.  -¿Tan bien lo hicimos? -Para ti resulta divertido,¿ verdad? Pero para mi no lo es. Además, no conoces a Hugh. No lo entiendes. Desde que mi padre murió, él ha sido un  verdadero apoyo para mi - dijo ella, explicándole a Antonio todas y cada una de las razones que hacían de Hugh Marshall un hombre digno de admiración. -Por amor de Dios, basta ya - le espeto él. -Siento estar aburriéndote. -Si, me estas aburriendo. Hugh es perfecto, excepto por ese pequeño desliz que tuvo con Susan, que es algo que tu vas a perdonarle. La semana que viene, el mes que viene... mientras tanto, esto es el respiro que dijiste que querías, así que aspira con fuerza y deja de quejarte.  -No me estoy quejando - respondió, indignada. Entonces, recordó que el tenia poca paciencia y no quería que Antonio saliera de su vida aun-. No pudimos terminar nuestra cena. ¿Que te parece si vamos a comprar un poco de comida china?. Podríamos comérnosla en el molino. Y te prometo que no volveré hablar de Hugh. -Si yo pensara que lo dices en serio, te haría el amor - dijo él. -Esa no es la solución. -¿No?. Bueno, reconozco que podría ser una complicación, y ya tenemos bastantes. Efectivamente. El beso de la galería había sido solo un roce, si hubiera sido mas intimo, podría haber resultado explosivo. El hombre que se había nombrado a sí mismo su guardián, era atractivo y peligroso. Habia sido una locura pensar que no se le insinuaría alguna vez. Pero ella se defendería. -¿Por donde vamos? - pregunto Antonio. -Sigue todo recto - respondió Sandra, dando gracias porque él no pudiera adivinar lo que estaba pensando. El restaurante de comida para llevar estaba casi vació. Era bastante tarde. Sandra encargo la comida. Ya había estado allí antes, aunque nunca con Hugh. A pesar de todo la guapa dependienta sabia que ella estaba prometida con el abogado y, al ver a Antonio, frunció el ceño. >, pensó Sandra. Al llegar al molino, abrieron los envases de aluminio y prepararon dos platos para ellos y un tercero para Bruno, que pareció desarrollar una pasión repentina por las cortezas de gamba. mientras comían, el teléfono móvil sonó en el bolsillo de Sandra. -¿Es que no vas a ningún sitio sin esa cosa? - pregunto Antonio. -Cuando me lo olvide, no me trajo buenas consecuencias - respondió ella, tristemente -. ¿Dígame? -Sandra. ¿Donde estas? - pregunto una voz. Era Hugh. -En el molino. -¿Esta él contigo? -Sí. -Claro, como no. ¿En que estabas penando esta noche?. Este asunto ea entre tu y yo. No tenia que enterarse toda la ciudad. Esperaba que mostraras algo mas de discreción. -¿Discreción? ¿y tu me hablas de discreción?. El hombre que ni siquiera cierra la puerta del dormitorio.  -Todos vieron como me dejabas plantado. Todos vieron como te marchabas con él. La mayoría se dio cuenta de que no llevabas puesto tu anillo. Todos creen que me has dado calabazas y ahora, encima te has ido al molino con él. -¿No iras a venir, verdad? - pregunto ella, antes de que Hugh pudiera colgar el teléfono. -No tengo intención alguna de hacerlo. Puedes quedarte a pasar la noche con él, si es eso lo que te apetece. Pero, si lo haces, hemos terminado. Y si él no sale de tu vida, se acabo todo. Es él o yo. Decídete. Entonces, colgó el teléfono. Antonio que había estado escuchando muy atentamente, dijo: -No hace falta mucho para que se enfade. Casi no he empezado.  -¿Que quiere decir con eso de que casi no has empezado? - le espeto ella -.¿Que mas estas planeando?. -La cuestión es - observo él, después de encogerse de hombros -, lo que estas haciendo tu. O él o yo, y el hombre quiere una respuesta rápida. ¿Quiere que me marche?. -No seas estúpido. No pienso aceptar esa clase de ultimátum. No deberíamos haber ido al club y ahora siento que lo hayamos hecho, pero es el único que ha resultado herido. El sabe que, al final, volveré con él. -Entonces, ¿te vas a quedar aquí a pasara la noche? Creo que es mejor que no lo hagas - añadió él, al ver como lo miraba Sandra -. Al menos que quieras que le de un ataque. -Todavía te sigue pareciendo divertido, ¿verdad?.  -Tiene sus momentos. Sin embargo, no debes permitir que él te intimide. -Él no es de esa clase de personas - respondió ella -. Bueno, es mejor me marche. Te dejare a ti que te encargues de fregar los platos . -¿Que platos? - pregunto él, señalado a Bruno que se había encargado de terminar los restos que habían quedado de la cena. -Ese es tu problema. Si se pone a vomitar durante la noche, intenta que no se suba a la cama ni se ponga encima de las alfombras. En el coche, ninguno de los dos hablo mucho. A Sandra le dolía que Hugh estuviera enfadado con ella.Hasta hace unos días había estado tan segura de todo que no podía creer que su vida hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo. -No debería haberte permitido que vinieras para montar este espectáculo. Este asunto tendría que haber seguido siendo algo privado. -Demasiado tarde. Una vez que se llama a un pariente, es imposible deshacerse de él - dijo él, muy alegre. -¿Quieres dejarlo ya? Esta noche ya no puedo con mas chistes de mal gusto - le espeto ella, con las lagrimas a punto de saltalseles de los ojos. En ese momento, llegaron a la casa de Sandra. Antonio detuvo el coche y le acaricio la mejilla con el pulgar. -Te prometo que todo va a salir bien. murmuro él.  Ella lo miro a los ojos, que eran los mas hermosos que ella había conocido y estuvo a punto de creerlo. Sandra paso una noche terrible. Presumir de Antonio en publico no había sido un gesto con mucho tacto. Ademas, cuando el resulto ser tan conocido, el golpe para Hugh había sido mas fuerte. Cuando él la llamo al molino, Sandra se había sentido presa de un chantaje emocional. Por ello, no había dudado en decirle a Antonio que no lo toleraría. Sin embargo, ¿que importaba mas, su orgullo o su amor? Antonio era su vida mientras que lo único que sabia de Antonio era que, a corto plazo, no habría sitio para ella en su vida. Cuando el teléfono sonó muy temprano, ella se sentó en la cama, medio adormilada y pensó que seria Antonio. -¡Te he despertado? - pregunto Hugh. -Sí. No empieces otra vez. No quiero seguir las ordenes de nadie. En estos momentos, no tienes ningún derecho sobre mi. Iré donde quiera, con quien quiera. No pienso dejar que nadie me intimide. -Ya lo se. Tienes demasiado carácter - respondo él, en tono de disculpa -. No se lo que me paso anoche. Perdí la cabeza pero te amo, Sandra. Y confió en ti, por eso es que voy a ocuparme de que vuelvas a tener tu también confianza en mi. He aprendido la lección y nunca olvidare lo que he aprendido, así que, ¿podemos ser al menos amigos? -La amistad me parece un buen comienzo. -¿Te apetece que salgamos juntos esta noche? -Esta noche no. -Te amo. Ya te llamare. -Adiós. Durante los fines de semana, a menos que hubiera mucho trabajo,Bets, no trabajaba. Sandra solía ir al estudio durante unas pocas horas los sábados. Aquella mañana, a pesar de la mala noche, se sentía llena d energía. Mientras caminaba por su jardín secreto, aspiro con fuerza el fresco aire de la mañana. A pesar de los cielos plomizos, estaba segura de que iba a hacer un día estupendo. Mas tarde, había decidido ir a visitar al antiguo jardinero de su padre, el primero en inculcarle el amor por los jardines. De repente, Bruno apareció trotando por entre los helechos. En aquella ocasión, en vez de tirarla al suelo, se limito a dar vueltas alrededor de ella meneando el rabo. -¿Cuanto tiempo llevas aquí? -le pregunto a Antonio, que apareció inmediatamente detrás del perro. -Una media hora. ¿Va todo bien? -Mas o menos. ¿Te aparece un café? - pregunto ella, abriendo la puerta del estudio. Entonces se quito el abrigo y lleno la cafetera. -Pareces estar muy a gusto contigo misma. ¿Por que me preocupa eso? -Es demasiado pronto para las adivinanzas. No se por que tendría que preocuparte. Y no estoy a gusto conmigo misma, solo un poco mas feliz que anoche. Hugh me ha llamado esta mañana para disculparse. -¿Otra vez? pregunto él. Ella se volvió, sin contestar, a poner unas tazas al lado de la cafetera. Al cabo de un rato, siguió hablando. -Perdió lo estribos y, en cuanto se calmo, se dio cuenta de que no debería pedir nada a nadie cuando él es el causante de todo esto. Va a probarme que puedo volver a confiar en él - añadió, con una sonrisa -. Ahora esta en periodo de pruebas,. Es decir, si salimos, lo haremos como amigos. -Esto sera durante la primera media hora. No creo que tu aguantes mucho mas - replico él. Sandra no se sorprendió porque ya sabia que Antonio no lo entendería-. ¿Como diablos se explica eso?. -Es amor. Tal vez a ti te parezca una tontería pero es así. Cada vez que estoy cerca de Hugh, me tiemblan las rodillas. Incluso la loción para después de afeitado que se pone - añadió ella, aspirando el aire, como si pudiera olerlo-. Siempre ha utilizado el mismo y yo siempre he guardado un frasco en casa. Algunas veces he dormido con un pañuelo empapado bajo mi almohada. Se que es una locura pero es así como te puede afectar el amor. Sandra hubiera esperado que él se echara a reír, pero Antonio ni siquiera sonrió. -Eso es en tus sueños. ¿Que necesitarías para despertar? - pregunto él mirándola con una intensidad difícil de soportar -. Yo te lo diré. Te diré lo que verías si estuvieras despierta. Que tu Hugh tiene menos importancia de la que tu le das y, ademas, es un seductor. Tu misma me dijiste que era así entonces. Y Susan ha demostrado que lo sigue siendo. La próxima vez que las rodillas te empiecen a flaquear, recuerda lo que viste en el espejo. -¿Por que me estas haciendo esto? pregunto ella, con la imagen quemando le el cerebro -. Tú mismo dijiste que no importaba, que no debería influir en nuestra relación. -Bueno, también te dije que te tomaba la tarea de protegerte muy en serio y te puedo decir que Hugh no me ha causado muy buena impresión. Y tampoco estoy seguro de que, a lo largo de los años, no te hayas lavado el cerebro a ti misma para hacerte creer que podrías besar el suelo que pisa. -Me das pena -dijo ella-. Debe de ser horrible ser una persona tan cínica. -Tiene sus ventajas. Se ven las cosas mucho mas claras. -Creo que tienes una visión algo confusa sobre la persona de la que puedo prescindir. Y puedo prescindir de un protector. -¿Quieres que nos vayamos?
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