Tenerlo allí solo le causaría problemas. Sin embargo, algo dentro de ella parecía tener pocos deseos de que él se marchara. La cafetera termino de hervir, lo que le ayudo a volver a concentrarse en el presente.
-Sentiría marcharme - añadió él -. Me gusta el molino y creo que podría trabajar allí. Además, no tienes que preocuparte por las ropas de cama. Ayer me compre un saco de dormir.
-Lo siento se me olvido -respondió ella, llenando las tazas -. Eres un peligro. Parece gustarte alterar las cosas solo por el placer de hacerlo. Además no intentarías cambiar mi vida amorosa solo para ocuparla tú, ¿verdad?
-Lo ultimo que necesito son complicaciones emocionales -dijo Antonio, lleno de inocencia -. Me gustaría quedarme hasta que tu vuelvas a la normalidad. No debes tener miedo de que yo intente seducirte.
-Eso me tranquiliza - respondió ella, al ver que lo decía tan serio.
-Para eso te lo he dicho.
Sandra sabia que Antonio había dicho a aquellas palabras. Sin embargo, había dejado de estarlo sobre cuanto podría confiar en él.
¿Que es lo que esta pasando? - le pregunto su madre en cuanto llego a casa aquella noche-.
He estado intentando hablar contigo todo el día. Has tenido algunas llamas. ¿Donde estabas?
-Fui a ver al viejo Bob - respondió Sandra. Su madre ya no se interesaba por el viejo jardinero, que tenia casi noventa años y llevaba muchos años retirado.
-¿Y que estuviste haciendo anoche? - insistió Esta -. He recibido llamadas que me preguntaban si tú y Hugh habíais roto y que me decían y que me decían que estabas como loca con ses tal Figueira. Margaret Young me dijo que lo besaste delante de todo el mundo.
Efectivamente, las noticias habían volado. Su madre parecía tan afectada como si acabaran de enfrentarse a un temblor de tierra.
-¿Que pensabas que estas haciendo? Esto no es propio de ti. Creo que debes de estar algo trastornada. ¡Pobre Hugh! Lo llame y me dijo que no tenia que preocuparme, que habíais tenido un desacuerdo. Pero vosotros nunca os peleáis. ¿Como has podido enfadarte con Hugh? No sabes la suerte que tienes de tenerlo. Todo el mundo dice lo dice. ¡Eres una tontina!
Su madre la estaba regañando como si fuera una niña pequeña. Sandra colgó el abrigo en el guardarropa del vestíbulo y fue al salón, con su madre pisando le los talones insistiendo le en que debía llamar a Hugh por teléfono para disculparse.
-Debes de haber herido muchísimo sus sentimientos - concluyo Esta.
-Susan Hugh fue una de las antiguas novia de Hugh, ¿verdad? - replico Sandra, harta de aquel soniquete.
-Tal ves. Hugh siempre fue un rompecorazones,¿por que?
-Mientras yo estaba fuera Susan y él decidieron volver a revivir el pasado. Y lo hicieron en la cama.
Esta se sentó en el sillón, buscando apoyo en los brazos. Luego se llevo una mano a la boca, incrédula.
-Dios mio... Eso ha sido... Estoy segura de que esta es una de las típicas historias en las que se ve envuelta Susan. No me puedo creer esto de Hugh. Me niego a creerlo. ¿Quien te lo ha contado?
-Mamá lo vi con mis propios ojos.
-¡No quiero oír nada mas de todo este asunto! -exclamo Esta, reaccionando tal cual Sandra había esperado. Aquello le había hecho mucho daño.
Hugh y su padre, hasta que murió unos pocos años después del padre de Sandra, siempre habían apoyado a Esta y a Sandra. Que Hugh se casara con Sandra había parecido lo mas natural. El saber que Hugh había traicionado a su hija destruía todo lo que había sido perfecto para ella.
La noticia la conmociono tanto que Sandra tuvo que servirle un coñac. Al principio Esta apretó los dientes y sacudió la cabeza, pero al final Sandra consiguió que tomara un poco. Luego le sirvió otro, que le hizo llorar por lo que su hija se sentó en el brazo del sillón y la rodeo con un brazo para consolarla.
Tal vez, aquel no fuera el tratamiento mas adecuado pero, si quedaba sobria, Esta se pondría histérica. El coñac estaba calmándola así que, por fin, Sandra la acompaño a su habitación, tras ayudarla a cambiarse, la metió en la cama. Cuando miro diez minutos mas tarde, su madre ya estaba dormida. Probablemente al día siguiente, tendría una buena resaca.
Ya en su propio dormitorio, Sandra se preparo para acostarse. Habia sido un día muy alegre. De joven Bod había sido una > en el Ejercito y le había mostrado a Antonio medallas que ella nunca había visto y le había contado historias que ella desconocía. Habían permanecido allí todo el día y, cuando se marcharon, la hija de Bod había dicho:
-Vendrás otra vez, ¿verdad?
No se había referido a Sandra, ya que sabia que ella visitaba a Bod con regularidad. Era a Antonio a quien estaba invitando.
Sandra se sentó a su tocador y se empezó a aplicar crema de noche. Se sentía algo nerviosa. Los dedos le temblaban tanto que estuvo a punto de ponerse un poco de crema en el ojo. Al abrir el cajón para sacar un pañuelo de papel, descubrió una botella de loción para el afeitado de Hugh. Era un aroma muy agradable, pero para ella tenia un significado especial precisamente porque era la que llevaba su prometido. Por eso, algunas veces, como le había dicho a Antonio, solía dormir con un pañuelo empapado con ella.
Al abrir el frasco para poder olerlo, este se le escurrió entre los dedos, llenos de crema. Fue a caer en un cenicero de cristal tallado que usaba como bandeja para poner sus anillos y pendientes. El cenicero se lleno de loción, que había salpicado por todas partes. Incluso Sandra estaba empapada. El frasco parecía haber estallado, dejando esquirlas de cristal por todas partes.
Le llevo mucho tiempo recogerlo todo y luego tuvo que cambiarse de camisón y frotarse con una esponja para quitarse el olor. Para cuando se metió en la cama, la colonia de Hugh había dejado de gustarle.
Cuando se despertó, ya era de día. Se quedo quieta, esperando un buen dolor de cabeza. Pero al recordar el coñac que le había servido a su madre, pensó que seria ella la que tendría la jaqueca. Sandra tendría que surtirle bien de café y aspirinas.
Sin embargo, Esta se había encargado de prepararse su propio café. Cuando Sandra bajo, la encontró sentada a la mesa de la cocina, vestía con una bata azul. Estaba algo pálida, pero bien peinada, y con un toque de carmín en los labios.
-¿Que tuvo Hugh que decir sobre todo este asunto? - pregunto Esta antes de que Sandra pudiera decir nada.
-Que simplemente ocurrió una vez y que nunca volverá a ocurrir.
Esta asintió de manera aprobadora, como si fuera la respuesta mas adecuada y prosiguió con el interrogatorio.
-¿Estáis todavía prometidos? - pregunto. Sandra murmuro algo entre dientes pero su madre insistió-. Pero, ¿vas a casarte con él?
-Bueno si.
-Los dos estáis hechos el uno para el otro -dijo Esta, dando un golpecito en la mano de Sandra, como si se sintiera mas aliviada -. Tu padre solía decirlo. ¿Te acuerdas cuando tú no eras mas que una niña y él solía bromear sobre como idolatrabas a Hugh?
Sandra recordó como se sonrojaba y lo negaba. Su padre decía que nadie era suficientemente bueno para su princesa pero Hugh le parecía el mas adecuado.
-Se habría sentido tan contento si hubiera estado el día en el que Hugh te pidió que te casaras con él - evoco Esta, ensoñadoramente -. Bueno efectivamente, Hugh me ha desilusionado un poco, pero es un hombre y estas cosas pasan. Y, mientras intentas vengarte de él, flirteando con otra persona, podrías estar perdiéndolo.
-Necesito sentir que puedo confiar en él.
-Claro que si pero lo que te estoy intentando decir es que no tardes demasiado. Susan no es la única que estaría dispuesta a quedarse con Hugh aunque fuera de rebote.
-Lo tendré en cuenta.
-Voy a vestirme - concluyo la madre, poniéndose de pie.
Unos momentos más tarde, mientras llenaba la tetera de agua , Sandra oyó que su madre estab hablando por teléfono en el vestíbulo.
-Quiero que vengas enseguida, jovencito. Quiero tener unas palabras contigo - decía.
Sandra estuvo a punto de dejar caer la tetera. Rápidamente, fue al encuentro de su madre, que ya había colgado el teléfono. Era imposible que hubiera llamado a Antonio. Tenía que haber sido Hugh.
-No quiero que venga Hugh- gruñó Sandra.
Entonces. tomo el teléfono y marcho el número de Hugh. Nadie contestó la llamada. O bien no quería responder o se había tomado las palabras de Esta al pie de la letra. Sandra salió de la casa para hablar con él en cuanto llegara en el coche. No quería que su madre interfiera en aquel asunto.
Hugh llegó a los pocos minutos, como si hubiera pisado el acelerador a fondo. Los planes de Sandra de mandarlo de vuelta a casa se vieron frustrados por la presencia de Esta en el umbral de la casa.
-Esto es ridículo - protesto Sandra.
-¿Le has dicho lo de Susan?
-No veía por que tenia que ser yo la única que se llevara las culpas de todo esto.
-¿Como se lo ha tomado?
-Anoche se puso histérica- dijo Sandra. Esta, viendo que se había salido con la suya, volvió a meterse en casa-. Esta mañana es Doña Soluciona lo Todo.
-En eso, estoy con ella - dijo Hugh. Sandra pensó, con algo de amargura, que su madre sentía lo mismo. Esta se había sentado en su sillón habitual en el salón. Al verlos entrar, miró a Hugh con rostro trágico.
-¿Cómo has podido?- le dijo.
- No lo se - respondió él, con un rostro tan trágico con el de Esta -. No puedo ni siquiera encontrar palabras para decirte lo mucho que lo siento. Si pensara que os he perdido a las dos, no creo que me quedara mucho por lo que vivir. Vosotras sois mi familia. Lo significáis todo para mí - añadió. Sandra se imagino cómo reaccionaría Antonio al oír que Hugh se estaba disculpando de nuevo-. Lo siento tanto. Juro que no me imagino la vida sin Sandra.
-No hay razón por la que eso debería ocurrir -dijo la madre, todavía herida pero en tono mas conciliador.
Parecía, por la conversación que se estaba produciendo allí, que Sandra no tenia voz ni voto en aquel asunto. Su madre y Hugh parecían estar arreglándolo entre ellos.
-Voy a hacer lo posible para ganarme de nuevo el amor de Sandra y su perdón - decía, pareciendo estar convencido de que si seria irremediablemente Sandra y su perdón, ¿quieres venir conmigo por favor?
Sabia que si iba con él, Hugh la llevaría a almorzar a algún sitio y luego intentaría terminar de conquistarla con una romántica cena. Él y su madre tenían las mismas caras de satisfacción.
-No - le espeto ella.
Su madre frunció el ceño. Hugh no pudo evitar hacer un gesto de decepción antes de volverse a Esta, intentando sonreír.
-¿Puedo seguir viniendo por aquí o me lo vas a prohibir? le pregunto él.
-Tú siempre has sido bienvenido en esta casa -le aseguro Esta, muy dulcemente -. Y espero que así siga siendo.
-Me marcho - exclamo Sandra de repente-
-Vuelve -dijo Hugh. Lo que quería decir era que volviera con él.
-Lo hará -prometió su madre.
-¡No contestes por mi! -grito Sandra -. No os digáis el uno al otro lo que voy a hacer.
Estuvo tan cerca de perder el control que podría haber provocado una discusión. Por ello, decidió marcharse .Se metió en el coche y lo arranco, conduciéndolo con las ventanas abiertas para tranquilizarse. Al llegar al molino seguía sintiéndose furiosa. Ya sabia de que lado estaba su madre pero no por eso tenia ella que perdonar a Hugh en los primeros cinco minutos.
Tras llamar a la puerta del molino, la abrió.
-Hola, ¿estas en casa?
Bruno salio por una puerta que se abría en el salón. Antonio estaba en lo que era la sala de moler, contemplando las viejas piedras del molino. Se volvió hacia ella y la sonrió. Inmediatamente, ella se sintió mejor, al menos lo suficiente como para explicarle lo que había allí.