Capítulo 44

2101 Palabras
-Te lo he traído -observó  Hugh. Todos ello, menos  Esta, se imaginaban  a Hugh  contestando  aquel  teléfono  mientras Susana  entraba  en la  habitación-.  Creo  que es  mejor  que me marche, ¿no crees?- añadió, refiriéndose a Sandra.  -Tengo que  que acostarme  pronto - replico  ella. Te acompañare  a  la salida.  -Gracias  por las  trufas - dijo, Esta, cuando  Hugh se inclino a besarle la mejilla. -Ha  sido  un placer - respondió  él. Cuando  los dos  estuvieron  en el vestíbulo, Hugh  cerró  la puerta  detrás de ellos  y le pregunto: -¿Que  le has  dicho  sobre nosotros?  -Que hemos  estado  muy cerca,  pero que ahora, ya no lo estamos  tanto-  respondió ella. -¿Cree que tiene alguna oportunidad contigo?. -No se lo  que cree. Es muy reservado - comento ella, admitiendo  que no sabia mucho sobre él -. No estarás  celoso, ¿verdad?. -¿Es que tendría que estarlo? ¿ Es por eso por lo que lo has invitados?- pregunto él, con una sonrisa burlona -. Eso no va a funcionar, cariño, y los dos sabemos por que. Estás enfadad  conmigo, y con toda la razón pero te amo y tu me amas. No modo alguno en el que no estemos juntos para siempre. Por su puesto tienes que estar le agradecida. Todos los estamos. Pero si sientes algo más por él, no es más  que una ilusión. De eso estoy seguro. Tan seguro como lo estoy de que lo nuestro es lo verdadero. Hugh la había tomado entre sus brazos, haciendo que ella  rozara la suave tela  de su traje. Hubiera sido una delicia levantar la cara para que él la besara pera Sandra se quedo rígida. Entonces, la puerta se abrió y Antonio entro en el vestíbulo.  Hugh murmuro entre dientes al tiempo que Sandra se soltaba de su brazo. No quería que Antonio pensara que Hugh la manejaba como un títere. -Solo quería comprobar como esta Bruno- dijo Antonio. -¿Quien es Bruno? - pregunto Hugh. -Un perro muy grande - respondió Sandra. -¿Te gustaría conocerlo? - sugirió Antonio. -No, gracias - replico Hugh. Sandra acompaño a los dos hombres a sus coches. Mientras abría la puerta del suyo, Hugh le pregunto: -¿Te veré mañana por la noche? Las noches de los viernes solían reunirse con unos amigos en un club de campo. Siempre pasaban una noche muy agradable. -No vengas a buscarme. Tal vez te vea allí. -Te estaré esperando - respondió él, llevándose a las manos de ella a los labios -. buenas noches, cariño. - Métete en el coche - dijo ella, al ver que Bruno venia galopando hacia ellos. A través del cristal, Hugh dijo al ver que Antonio se acercaba. -Yo también te deseo buenas noches - comento Antonio. Entonces, Hugh salio conduciendo tan rápido como pudo -. Ese es el mejor ejemplo de un hombre frustrado. A la luz  de la luna, Sandra pudo ver que Antonio estaba  sonriendo. Sandra  sabía  que era  imposible  que Antonio  le  cayera bien  Hugh, ella  sabía  que su  prometido  tenía  muy buenas cualidades.  -Se  ha portado  muy bien  con lo del  anillo- dijo ella. -Seguro  que lo tenía  muy bien  asegurado. Al ver que el perro estaba  olisqueándolo todo,  algo inquieto, Sandra sugirió: -Si necesita  dar  un paseo, ¿qué te parece si vamos  al bosque? -¿Al bosque?- pregunto él. En una noche  oscura y fría , no parecía lo mas  apropiado.   -Es un bosque  muy pequeño  que hay  en la parte de  atrás  de mi casa. Es mi jardín  secreto.   -El padre  de mi  padre construyo  esta casa.  Todo  esto era campo  y la tierra  era parte  de la  finca. Solíamos jugar allí cuando yo era una niña. ¿Has leído  alguna  vez  El jardín secreto? -Que yo recuerde,  no. -Ya lo suponía. Bueno, pues  ese  es un libro  vitoriano  con un final  feliz. Es  la historia  de una niña  huérfana  que llega  a una  vieja  casa  en  la  que hay  un jardín  secreto. Cuando ella lo devuelve  a la vida,  todo  cambia  a mejor. Cuando  leí el libro,  empece  a pensar lo que podría hacer con ese campo y mi padre me dio el visto bueno. Pero no pensé nada en serio hasta que no estuve en la universidad. De eso hace cinco años. Llegaron a una alta verja de madera que habían en el muro. Ella tenia la mano en el pestillo cuando Antonio dijo: -Tienes mucho sueño. Jardines de sueños, amantes de sueños... -Es mejor tener sueños que pesadillas - replico ella, algo dolida. Siempre se ha considerado una mujer practica. -Bueno - dijo él, sonriendo -, ¿Vas a enseñarme ese jardín? Entonces, ella abrió la verja y miro la luna, esperando que pasaran las nubes. A la luz de la luna, su pequeño jardín parecía sacado de un cuento de Hadas. Ella había planeado el pequeño jardín para que pareciera mucho mayor. Habia senderos serpenteantes por todas partes. Sobre un sendero cubiertas de guijarros, había unos escalones hechos de tronco de un árbol que conducía a una explanada cubiertas de hiervas, tan suaves como el musgo. Bajo un sauce llorón, había un banco y un castaño parecía ocultar otros recovecos con sus ramas. Bruno recorrió todos los senderos, ladrando de vez en cuando al sentir algo entre las hojarascas. Sandra iba nombrando todos los arboles y arbustos. Entonces la luz de la luna ilumino al alto hombre que caminaba al lado de Sandra y pudo verlo claramente. Otras veces, se veía cubierto por la mas espesa oscuridad. Sin embargo se alegro de haberle mostrado el jardín de ella que había creado en una pradera y agradeció los elogios que le dedico. -Ya te dije que era jardinera - dijo ella, alegremente. -Nunca lo dude. Un toque especial para las plantas - observo él, tomándole una mano. -Yo trabajo desde allí -explico, señalando el invernadero -. Puedes venir cuando quieras, pero ahora debo volver. De repente, a Sandra le pareció que el hecho de que Antonio la tomara de la mano podría resultar demasiado intimo. -Si mi madre supiera que estoy paseando por aquí contigo, y no con Hugh, sacaría la linterna para buscarnos. -¿Siempre le lleva él bombones? - pregunto Antonio. -A menudo. Pero no tanto como las veces que me trae a mi. Es muy generoso. -Cuando le conviene. -¿Como puedes decir eso? - le espeto Sandra-, No lo conoces pero no te caen bien, ¿verdad? -No es exactamente mi tipo. -Bueno, pues le cae bien a casi todo el mundo. Todas las mujeres de por aquí siempre han estado locas por Hugh. -¿Todas? ¡Venga ya! -Bueno, muchas de ellas. Como yo. Creo estábamos a punto de hacer las pases cuando saliste al vestíbulo. -Eso me pareció. Recuerda que he venido aquí para cuidar de ti. Y por tu propio interés, mi consejo es que vayas despacio. -Lo intento pero no me resulta fácil -dijo ella, mientras llegaban a la verja que había en el muro. -Yo estaré siempre cerca para intervenir cuando sea necesario. -Te estas tomando muchas molestias -comento Sandra, mientras comparaba mentalmente el encanto de Hugh con la dureza de Antonio. -Me divierte todo esto. Me gusto mucho tu historia de como nos conocimos. Lo menos que podía hacer después de que yo te salvara la vida era alojarme durante unos días. -Efectivamente me sacaste del rió... después de que me tiraras dentro. -Yo no diría que tirar es la palabra adecuada. Y me gusto mucho lo de que perdieras el anillo en el rió. -Y así fue. -Cuando haya reclamado el dinero del seguro, ¿le dirás que no fue un accidente? -Eso no es asunto tuyo. -Es cierto. Entonces regresaron al coche de Antonio. Él dejo que el perro entrara primero para que se sentara en el asiento de atrás. -¿A que hora te levantas por la mañana? -Alrededor de las siete y media. -Te llamare para que me cuentes que planes tienes para el día. -No estoy segura de lo que haré después de salir de trabajar - replico ella, algo molesta tanta supervision. -Ya se nos ocurrirá algo. Buenas noches, querida - dijo él, tomándole de nuevo los dedos para besárselos. Sandra se quedo tan sorprendida como si la hubiera besado en los labios. Sin embargo, enseguida reconoció que él se estaba burlando del modo en que Hugh se había despedido de ella y se echo a reír. -Buenas noches, luz de mi vida - respondió ella, pestañeando como loca. Llevaba puesto un suéter y un traje pero, cuando el coche desapareció, sintió que el frió de la noche le llegaba a los huesos. Se había olvidado de la ropa de cama y no había mantas en el molino. Se lo merece por ser tan sarcástico con Hugh, pensó ella. Entonces, con una gran sensación de culpa y por muy poco romántico que fuera el pensamiento, se pregunto en cuanto estaría asegurado el anillo. Cuando Sandra había deshecho la maleta la noche anterior, había dejado la fotografía de Hugh en la maleta en vez de colocarla en la mesilla de noche, donde estaba normalmente. Tal vez era mejor así porque podría tomar el teléfono para llamarlo. Incluso podría ser que le echara de menos durante la noche. Preparándose para una noche en vela, Sandra suspiro y ahueco la almohada. No se despertó hasta que sonó el teléfono. Descolgó el auricular y todavía tumbada, se lo llevo a la oreja. Seguía medio dormida. -¿Hugh? - musito ella. Probablemente había estado soñando con él. -Bueno, eso significa que él no esta contigo - dijo Antonio. Aquellas palabras la despertaron completamente. -Te dije a las siete y media -protesto ella. Su reloj interior le decía que ni siquiera eran las siete. -No seas tan rigurosa con los detalles. Ven a desayunar conmigo. Parecía que estuviera duchado y afeitado, demasiado lleno de energía para una mujer que todavía no se había levantado de la cama. -Algunos de nosotros trabajamos - dijo ella-. Ya me he tomado mi días libres. No tengo tiempo de desayunar con extraños. Solo habían sido unas pocas, pero Sandra las recordaría siempre. Le hubiera gustado acercarse al molino, pero era imposible. -Entonces,¿donde espera tu chico de oro verte esta noche? - pregunto Antonio. -Los dos somos socios de un club de campo - respondió ella entre bostezo, mientras se ponía un albornoz y unas zapatillas -. Allí estaremos esta noche. Eso es, si yo voy. -Eso depende de ti. -¿Te gustaría ir conmigo? - sugirió ella. Sabia que Hugh estaría allí y probablemente también etaria Susan. Si ella iba con Antonio, nadie la miraría con pena. -Pasare a recogerte. -Entonces, a las ocho. Pero, por favor, que no sean las siete. Aquella mañana, Sandra llego antes que Bets al despacho. Cuando su ayudante llego, estaba en su mesa de dibujo. -¿Te encontró ese hombre en el molino? -pregunto Bets, nada más llegar, entre risitas-.Llamo poco después de que hubieras marchado. No le pregunte como se llamaba, pero me pareció que tenia una voz muy sexy. -Me encontró -dijo Sandra simplemente. -Hice bien en decirle donde estabas, ¿verdad? - quiso saber Bets, de repente algo ansiosa por el tono de voz de Sandra. -Claro es un amigo. La verdad es que no había notado, pero supongo que tienes razón. Efectivamente, tiene una voz muy sexy. Después de trabajar, Sandra se sintió extraña. No se estaba arreglando para Hugh. Para ir al club, a menudo llevaba ropa deportiva. Allí había piscina, pista de tenis y un gimnasio. Pero los viernes había baile y cena. Aquella noche, Sandra no pensaba hacer ningún ejercicio brusco que le mojara el pelo y le obligara a retocarse el maquillaje a toda prisa. Aquel día, siempre que había tenido un momento, había repasado mentalmente su guardarropa por lo que había escogido lo que iba ponerse incluso antes de llegar a casa. Así pudo disponer de todo el tiempo para mimarse hasta que se sintió como una chica de portada. Se puso un traje de pantalón se satén blanco y un echarpe de lana de mohair de color n***o. En los pies unas sandalias de tacón muy alto. Mirando desde la ventana de su cuarto, espero que llegara el coche de Antonio para que le diera tiempo a salir de la casa antes de que su madre decidiera salir a saludar, como siempre, a Hugh. Esta había dado por sentado que, aquella noche, su hija saldría con Hugh, como todas las noches.
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