Las catacumbas apestaban. Fue lo primero que cruzó por mi mente. Mis costillas dolieron cuando me lanzaron de costado al suelo, usaba aún el mismo pijama desde hacía días, no podía bañarme antes, en la habitación en donde estaba un baño privado, dudaba mucho que ahora, en estos agujeros tan pequeños, me dejaran hacerlo. me senté en un rincón sobre mis pies midiendo el mínimo y angosto espacio. Ellos buscaban quebrar mi mente, mi pensamiento. Pero no se los permitiría. En algún momento mi padre me rescataría, mantenía mi fe puesta en él. ¿Y en quién más si no? Suspiré mirando el techo de cemento, respirar dolía y no me contuve en evitar que las lágrimas brotaran de mis ojos. Era absurdamente deprimente toda esta mierda y lo más estúpido de todo es que era mi entera culpa. Yo insistí en el

