V E S T I D O

1828 Palabras
El equipo Uno de Crímenes Violentos se encontraba reunido en la sala de planificación mientras que Buckley lo observaba a la espera de una actualización acerca del caso. —¿Y bien?— interrogó impaciente. Callen, Lain y Sabas se observaron entre si, sabían que la respuesta no seria de su agrado. —Como bien saben, las huellas encontradas en la primera escena del crimen coinciden con una talla masculina mientras que en la reciente escena del crimen, las huellas analizadas dictaminaron que se trataba de huellas de zapatos de mujer— informó Callen. Buckley realizó un gesto para que continuara hablando. —Podría haber un cómplice— y evitó la mirada de su jefe quien se encontraba completamente furioso. —¡¿Cómplice?! Buckley soltó una risa irónica. —Wow, realmente son increíbles. ¡Ni siquiera pueden atrapar a un criminal, ¿y ahora resulta que hay un cómplice?! Los miembros del equipo se encontraban con la cabeza cabizbaja. Bien. ¿Cómo piensas proseguir, Lain? —Hemos acudido al lugar en el que ha estado la víctima por última vez, un bar local en su zona y descubrimos que alrededor de las dos y media de la madrugada se marchó del mismo con alguien que al parecer conoció allí. —El misterioso hombre hizo un gran trabajo pasando desapercibido ante las cámaras de seguridad, sin embargo, el dueño del bar nos dio la dirección del empleado que podría haberlo visto aquella noche y al ir hasta su residencia, no había nadie allí, por lo que regresaremos en la tarde- continuó Sabas. Buckley suspiró con molestia y asintió. —¿Algo para agregar, Messinas? —Quiero solicitar una orden para interrogar nuevamente a los testigos del asesinato de Millana Odix. Los presentes observaron a Callen completamente pasmados. —¿Otra vez con eso?— replicó Buckley— Lo único similar es el modus operandi, estamos ante un asesino serial, tú lo sabes mejor que nadie, Callen. —No puede ser una simple casualidad. Hay detalles que un simple espectador no podría saber. Yo mismo he visto las noticias acerca del asesinato y los medios de comunicación, inclusive los periódicos, no dieron detalles específicos como el vestido y su color, entre otros. —Eso si podría ser una casualidad. —Vamos, Buckley. ¿De todas las prendas existentes en el mundo, casualmente eligió un vestido rojo? Buckley no emitió respuesta alguna. —Supongamos que realmente fue una casualidad, entonces ¿eligió casualmente a dos mujeres que llevaban un vestido rojo? Buckley asintió resignado. —Bien, emitiré la orden, pero quiero a nuestro asesino tras las rejas lo más pronto posible y si existe un cómplice, quiero que ambos paguen. —Haremos todo lo posible— respondió Lain. —No quiero que hagan todo lo posible, quiero que hagan hasta lo imposible para ponerlo tras las rejas, ¿entendido? El equipo asintió y Buckley se retiró de la sala de planificación. —Athan, ¿crees que podrías conseguir la lista de testigos del asesinato de Millana?— pidió Callen. —Claro, lo enviaré a tu ordenador en cuanto lo tenga listo. —Te lo agradezco. Los miembros del equipo se retiraron de la sala a excepción de Lain, Sabas y Callen. —¿Seguirás escarbando en el caso?— interrogó Lain en tono de regaño. —¿Entonces ignoramos el hecho de que alguien está recreando aquel asesinato y sabe detalles que públicamente no se dieron a conocer, pero que nuestro asesino casualmente sabe? —No digo eso, es solo que... —No saldré lastimado, Lain. Deja de preocuparte por mí como si fuera un niño pequeño, estoy bien y lo seguiré estando. Sabas soltó un tosido para interrumpir la conversación. —No quiero entrometerme, pero sabe cuál es mi cargo en el equipo y lo he estado observando, agente Messinas. Siempre que habla del caso suele acariciar la parte superior de su dedo pulgar con su otro dedo pulgar y esa es una clara señal de ansiedad. Puede ocasionarle problemas en el futuro, no es algo que deba dejar pasar. Callen suspiró y fregó su rostro con una de sus manos. —Realmente agradezco tu preocupación, pero, ¿no crees que es normal? —Hay signos de trauma y si no lo trata...— Callen irrumpió. —Bien, ya es suficiente, Sabas. He dicho que estoy bien y estaré aún mejor en cuanto resolvamos el caso. Lain observó a Callen con molestia. —El agente Klein y yo nos haremos cargo de ello. ¡Estás fuera del caso! Callen lo observó completamente atónito. —Lain...- se limitó a decir. Lain se acercó hacia Callen y depositó una pequeña tarjeta sobre la mesa. —Hasta que no lo trates no podrás regresar al caso. Lo pido como tu amigo, no como tu compañero de trabajo. Tanto Lain como Sabas se retiraron de la sala dejando solo a Callen quien se recostó sobre la mesa con frustración. —¿Realmente soy el único que no puede ver que realmente no estoy funcionando bien desde este último caso?— se preguntó a si mismo y levanto la mirada para observar la tarjeta que había dejado Lain. "Doctor Alean Neila, terapeuta" —No puedo creer que lo haré— se quejó. Tomó su teléfono y marcó el número indicado en la tarjeta. Esperó a ser atendido, pero luego de dos tipidos finalizó la llamada. —¿A qué le temes, Callen?— pensó en voz alta— No te dirá nada que ya sepas. Nuevamente, marcó el número telefónico y esperó una vez más a ser atendido. —Consultorio del Doctor Neila. ¿En qué podemos ayudarte?— oyó una voz femenina al otro lado del teléfono. Callen aclaró su voz y prosiguió, se encontraba notoriamente nervioso. —Mm, buenos días. Mi nombre es Callen Messinas y quería solicitar una cita con el Doctor Neila si es posible. —Buenos días, señor Messinas. En primer lugar debo realizarle algunas preguntas si no es molestia— pidió la mujer. —Claro, adelante— accedió. —¿Es la primera vez que solicita una cita con el doctor? —Correcto. —Ha dicho que su nombre es Callen Messinas, ¿estoy en lo correcto? —Si. —Tenemos un espacio para el día miércoles, ¿le parece bien? —¿En qué horario seria? —A las cinco en punto. —Estoy bien con ese horario. —Entonces lo esperamos el próximo miércoles a las cinco en punto, señor Messinas. —Allí estaré, se lo agradezco. La llamada finalizó y Callen salió de la estación policial, debía ver a alguien a quien no había visitado en un largo tiempo. ... Día del asesinato, 04:00 A.M Un hombre se encuentra frente al bar Moon, recostado a un lado del oscuro callejón mientras que observa fijamente hacia el bar a la espera...a la espera de alguien. Cerca de las cuatro y media de la madrugada, un joven de cabello azabache sale del bar y toma el camino del lado izquierdo. El hombre frente al bar retoma su postura y avanza lentamente detrás de él. Se podía sentir el odio que emanaba la mirada del hombre que camina detrás del joven con gran cautela pero sin perder su rastro. Recorrieron alrededor de seis cuadras hasta que de pronto se detienen. El hombre observa a la distancia al joven quien se detiene frente a una residencia, para posteriormente adentrarse a él. El joven sube las escaleras y el hombre imita su acción. "Casa 31" El hombre sonríe con malicia y antes de que el joven pudiera cerrar la puerta de la unidad, el hombre la detiene. El joven lo observa extrañado y atónito. —¿Quién es usted?— interroga el joven al observar al hombre quien llevaba una mascarilla que cubría la mitad de su rostro y guantes descartables en color n***o. —Realmente es una lástima, siendo tan joven...— comenta el hombre para si mismo. El hombre empuja al joven hacia el interior de la unidad y este cae de espaldas hacia la acera. La puerta de ingreso se cierra, quedando solo ellos dos dentro de la unidad. El joven lo observa con el terror apoderándose de su rostro. —¿Qué está haciendo? ¿Quién es usted?— vuelve a preguntar nuevamente y su respiración comienza a acelerarse. "No es divertido si simplemente lo asesinamos" El hombre oye la voz de una mujer merodeando por su cabeza. —¿Qué deberíamos hacer entonces?— esbozó el hombre. —¿Qué?— respondió el joven con la voz entrecortada. El hombre soltó una risa divertida. —Lo siento, pueden ser realmente ruidosos algunas veces— se disculpó. —¿De qué habla? ¿Por qué está haciéndome esto?— los ojos del joven se tornaron vidriosos. "¿Qué tal si jugamos a un juego?" Volvió a oír la voz de la mujer. "¡Qué divertido!" Esta vez oyó la voz exaltada de un pequeño niño. —¿Un juego?— interrogó el hombre. "Te quitas la mascarilla y si te reconoce inmediatamente entonces le concedemos una muerte lenta y dolorosa, si no lo hace, de todos modos lo asesinaremos porque para entonces habría visto tu rostro, pero podemos ahorrarle dolor y concederle una muerte rápida" El hombre formó una sonrisa. "También podríamos dejarlo como un souvenir en el lugar en que nos conocimos" —¿El bar?— el hombre suspiró en una queja— Eso arruinaría nuestro mensaje. "¿Qué importa el mensaje ahora? La policía está detrás de nosotros, divirtámonos un poco y luego continuaremos con el mensaje" El hombre asiente. Toma una cuchilla que saca de uno de sus bolsillos y observa al joven. Con la punta de la cuchilla logra sacar uno de los lados de la mascarilla dejando su rostro al descubierto. Gira levemente la cabeza hacia un lado y sonríe. —¿Ya sabes quien soy?— pregunta con diversión. —¿Debería saberlo?— interroga con voz solloza. El hombre suelta una risa. "Ah, esto no es divertido" Oye la voz de la mujer en tono de queja. —Bien, lo haremos rápido y sin dolor— avisó el hombre. Se acerca hacia el joven y clava la cuchilla con gran fuerza en el pulmón izquierdo. El joven comienza a esforzarse por respirar, pero con cada segundo que pasa se le dificulta cada vez más. Un líquido rojo comienza a emerger de su boca, deslizándose por su mejilla. El hombre observa con diversión como el joven agoniza. —No podíamos permitir que arruinaras toda la diversión. Un charco de sangre comienza a formarse del lado izquierdo del joven y de pronto, su respiración se detiene. —Volveremos por ti, pero antes hay un mensaje que debe ser representado. Espéranos justo aquí. El hombre se retira de la residencia, no sin antes observar una última vez al joven que sería su próxima gran obra de arte.
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