El joven visitaba con frecuencia a Mirella durante la noche. Normalmente, se levantaba temprano por la mañana para ir al gimnasio. Sin embargo, hoy, aunque ya era mediodía, aún no se había despertado. Apenas había dormido la noche anterior, ¡solo para asegurarse de que Mirella estuviera bien! Mirella, por su parte, se levantó temprano y preparó el desayuno con sus propias manos. Lo había hecho como muestra de agradecimiento hacia Fabrizio. Esperó y esperó, pero él seguía sin despertar. Si no aparecía pronto, ella misma se comería todo lo que había preparado. Resultaba casi una tortura no poder tocar ni probar aquellos platos mientras los tenía frente a ella. Al darse cuenta de que no podía esperar más, se dirigió a la habitación de Fabrizio. Al abrir la puerta, lo vio dormido, nuevamente

