El secuestro

1585 Palabras

Mirella se despertó con la suave voz de su hija pequeña. Empujó el edredón con los pies y se levantó rápidamente. Al dirigirse hacia la habitación del bebé, no pudo evitar reírse al asomarse a la cuna. Dennise luchaba por incorporarse, pero sin éxito, emitiendo sonidos vagos con la boca. —¡Ángel mío, qué haces! —dijo entre risas mientras la tomaba en brazos. Besó su cuello y mejillas, inhalando su dulce fragancia. Sin embargo, la pequeña no quería permanecer en el regazo de su madre; deseaba bajar al suelo. Cada día estaba más activa, con ansias de jugar y explorar. Mirella sonrió y la dejó en el suelo. Dennise gateó rápidamente por la habitación, curioseando cada rincón. Mientras tanto, Mirella fue al armario, sacó algunas prendas y preparó el pañal, un body y un pequeño traje blanco

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