El disparo resonó en el aire y todos se quedaron inmóviles. —¡Dennise! —gritó Mirella, con el corazón a punto de detenerse. Sus piernas temblaban mientras corría hacia su hija. Al llegar, vio a Bianca en el suelo, desangrándose, mientras la pequeña Dennise lloraba con todas sus fuerzas. La bala había alcanzado el abdomen de Bianca, pero su hija estaba ilesa. Mirella tomó a Dennise en sus brazos y la abrazó con fuerza. Las lágrimas caían sin control por sus mejillas. —¡Mami! —susurró, mientras Mirella besaba su carita repetidamente. —Mi amor… mi pequeña —dijo, aspirando su aroma, ese que había extrañado con desesperación durante tantos días. Fabrizio se acercó rápidamente y tomó a Dennise en brazos, apretándola contra su pecho. —Mi ángel, estás bien… mi preciosa hija —susurró, con lág

