La ardida

1704 Palabras

Fabrizio estaba sentado en el sillón, analizando unos archivos relacionados con su trabajo en el ordenador portátil. Hizo una mueca debido al dolor que sentía en la garganta. Se notaba muy débil, pero decidió no darle demasiada importancia. Estaba tan concentrado en su labor que no se dio cuenta de que Mirella estaba frente a él, sosteniendo una taza de café. La joven, impaciente, carraspeó. Esta vez, Fabrizio levantó la mirada, y una gran sonrisa iluminó su rostro. Colocó el ordenador sobre la mesa de centro y extendió los brazos hacia Mirella. —Ven aquí —le dijo con ternura. —¡Qué adicto al trabajo eres! Ni siquiera te has fijado en mí —respondió ella, fingiendo reproche. Le entregó la taza de café y se sentó a su lado. —¿Cómo es posible que no me haya fijado en ti? Es que estaba dis

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