—¡Estoy diciendo tonterías!—, estuvo a punto de responder, pero se contuvo. Fabrizio volvió a detenerla cuando ella se disponía a marcharse. —¡Mirella!—, insistió, visiblemente molesto. —¡No entiendo nada! Está claro que pasa algo. ¿Puedes decírmelo, por favor? —¡No pasa nada!— replicó ella, —Déjame en paz, Karl…—. Se llevó la mano a la boca al darse cuenta de lo que casi decía. —¿Karla? ¿Qué tiene que ver Karla con esto, Mirella?— preguntó él, sorprendido. Mirella cruzó los brazos y apartó la mirada. —¡Es tu amante! ¿No la reconoces? Fabrizio comprendió por qué Mirella estaba tan enfadada y lloraba después de lo que había dicho. Sin duda, lo había visto salir de la casa de Karla y lo había malinterpretado. Contuvo una sonrisa al percibir lo evidente: Mirella estaba celosa. Ese hech

