Dime que no lo amas

1972 Palabras

En medio de una calle desierta, Fabrizio besaba apasionadamente a Mirella, pero no recibió respuesta alguna. Mirella sintió aquel beso hasta los huesos. Sus manos, sus pies e incluso su mente parecían entumecidos. Cuando recobró el sentido, lo apartó de un empujón y dio un paso atrás. Tenía los ojos muy abiertos, intentando asimilar lo que acababa de ocurrir. —Mirella, yo... —intentó hablar Fabrizio, pero ella lo interrumpió con un gesto silencioso de la mano mientras comenzaba a caminar rápidamente. Fabrizio se maldijo a sí mismo por dentro. Le frustraba no poder controlarse. Sin embargo, la insistente charla de Mirella sobre el divorcio lo desquiciaba. ¿Qué debía hacer? Tenía que encontrar una forma de detenerla. —¡Mirella, escucha! ¡Mirella! —gritó, pero fue en vano. Ella seguía cam

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