Cuando sonó el timbre, Mirella dejó los platos que estaba lavando y se dirigió a la puerta. Al asomarse por la mirilla, vio que su cuñada Alessandra estaba llegando. No la hizo esperar y abrió de inmediato. —¿Qué pasa, cuñada? —preguntó Alessandra mientras entraba apresuradamente. —¡Bienvenida, querida! —respondió Mirella, dándole un beso en la mejilla. —Gracias. ¿Dónde está Dennise? ¡Extraño tanto a mi princesa! Mirella sonrió al ver la emoción de Alessandra. —Está en su habitación. Aún no se ha despertado. —No importa, ahora mismo la despierto —dijo Alessandra mientras dejaba su chaqueta en un rincón y subía las escaleras. Mirella regresó a la cocina para terminar de limpiar los platos. Luego preparó los purés de frutas para Dennise y los dejó listos sobre la mesa. Cuando Alessan

