Cuando Fabrizio aparcó el coche y llamó a la puerta, su hermana Alessandra fue quien lo recibió. —Oh, hermano, ¿eras tú? Pensamos que era Mirella —dijo con una sonrisa leve. —¿Dónde está Mirella? —preguntó mientras tomaba en brazos a su hija, que lo observaba con curiosidad y algo de desconfianza. Fabrizio comenzó a besarla entre el cabello, haciéndola reír. —Se fue a casa de esa señora Esmeralda. Dijo que volvería pronto, pero parece que se ha retrasado. —Déjame llamarla —dijo, entregando a su hija a Alessandra. Sacó el teléfono del bolsillo y marcó el número de Mirella. El tono sonó varias veces, pero ella no respondió. —No contesta. —Seguramente está de camino. Ya sabes cómo es, lleva la música alta y no escucha el teléfono —respondió Alessandra con un gesto despreocupado. Fabriz

