Mirella dio la noticia con un brillo en los ojos. —¡Estoy embarazada! Los ojos de Fabrizio se abrieron de par en par al escuchar esto, y la rodaja de manzana que acababa de llevarse a la boca se le atascó en la garganta. —¡Q-qué!—. Intentaba hablar mientras tosía repetidamente, incapaz de comprender lo que acababa de oír. Su cara se tornó roja en cuestión de segundos. —¡Fabrizio! ¿Estás bien?— exclamó ella, golpeándose nerviosamente la cintura. —¡Toma, bébete esto!— le dijo, acercándole el vaso de agua que estaba sobre la mesa. Fabrizio bebió el agua y cerró los ojos un momento. Tragó con fuerza mientras Mirella lo miraba, expectante. Pero en lugar de una sonrisa inmediata, su rostro mostraba desconcierto. ¿No estaba contento? Acababa de decirle que iban a tener otro hijo. ¿Era esa su

