—No te preocupes. Tendrás tu castigo con electricidad. Verás que los azotes de esta mañana serán caricias frente a lo que pienso hacerte. —Tenga piedad de esta esclava. Será la primera vez que recibiré descargas eléctricas. —Desconozco la piedad. Las esclavas están para eso, para servir a sus dueños y tú no serás la excepción. Alessia no sabía si hablaba en serio o era simplemente una chanza, pero supuso que le esperaba un castigo duro. Leonardo pasó toda la tarde estudiando las características y usos del instrumento. Las posibilidades de torturar a su sobrina casi no tenían límite. Explicaba detalladamente las distintas formas de torturar las tetas, la concha, el culo, los pies, las manos, la espalda e incluso la cara. No cabía duda que se trataba de un equipo muy completo. Se pregunt

