AGATHA Y esa expresión era una de las razones por las que me había atraído desde el primer segundo en el bar. Por qué tenía ese nudo dentro, esa necesidad tan grande que haría casi cualquier cosa por sentir sus brazos rodeándome ahora mismo. Por que me dijera que le importaba. Por que confesara cuánto nos quería. Era la mirada que decía que nunca había visto a nadie tan hermosa ni deseado a nadie tanto como me deseaba a mí. —Lo que estás viendo es fastidio. Impaciencia. Y ganas de largarme de aquí —dijo, metiendo la mano dentro de su abrigo y ajustándose el cuello de la camisa. —No te creo. —Lo que deberías creer es que si hubiera sabido que eras así, me habría ido mucho antes incluso de aprenderme tu nombre. Sonreí, esta vez tan sexy y coqueta como pude. —Lo mismo digo. —Excepto

