Darian Ya estaba en mi oficina cuando entró la llamada de FaceTime, iluminando la pantalla negra de mi teléfono. Bale me había dado una ventana de tres minutos, justo después de las dos de la madrugada. En vez de poner una alarma, por miedo a que despertara a Lilah, me quedé despierto y vine aquí con tiempo de sobra. No había forma de que me perdiera esta conversación. Conecté el video y esperé a que el fondo se enfocara. La oscuridad del sótano —o donde sea que Bale lo hubiera llevado— hacía difícil distinguir todo al principio. Aun así, no había duda de lo que estaba viendo. David. En carne y hueso. Con esos ojos marrones apagados, el cabello rizado y desordenado, y una barba irregular que le crecía a parches. Parecía un maldito niño. Pero tenía la misma edad que Lilah. Solo que

