Ha pasado un largo mes y Audi vive junto a Lilia una inolvidable luna de miel. La ingenua mujer de solo ver a Audi tan dispuesta a estar con ella y de las palabras engañosa endulzadas con caricias y sexo le ha nublado el entendimiento y bajar todas las reservas y la guardia, hasta el grado de llevarla a vivir a su casa. Según Lilia para mantenerla vigilada. Es tan ciega que no ve ningún mal o peligro en la compañera de vida que esta es su casa, por el contrario hasta la ayuda a buscar una nueva identidad para evitar ser arrestada por la policía y así evitar caer nuevamente en la cárcel. —Te amo— dice la eufórica mujer después de terminar de tener una noche llena de lujuria— quiero que nos vayamos de Melbourne. Audi le acaricia el cabello que ya está más largo y cae desordenado

