Narrador omnisciente.
Nadie se salva de un juicio mereciente por saltarse las normas que conservan la vida en el pueblo de Coldrik. Elauterio Brownber jamás creyó que había tenido suerte, su perdición comenzó aquella noche de relajo.
Nunca viajó solo.
Junto a su yegua, su cuaderno de notas, y su cantimplora; Lilith lo acompañaba en su camino, esperando el momento de otorgarle su castigo por rebelde. El hombre se había saltado las normas por su esposa e hija, ellas también debían morir.
La mujer del diablo lo hechizó aquella noche para que él, en medio de su hipnosis maldita, terminase de escribir la bitácora de su travesía fuera de Coldrick. Lilith robó su diario esa misma noche y escribió unas últimas páginas con un peculiar latín.
Al volver a casa, ella misma se encargó de poseer el cuerpo más indefenso y virgen, la niña en medio de su posesión asesinó a sus padres a sangre fría y luego se suicidó, dando fallecimiento a la maldición otorgada hacia ellos.
La cabaña nunca dejó de estar maldita.
Lo sucedido dentro de ella se convirtió en un cuento más, en una advertencia más. La masacre en la cabaña Brownbear era un relato atemorizantemente perfecto como para a traer a seis jóvenes visitantes. Después de todo, los demonios siempre tienen ganas de divertirse y saciar sus ansias de maldad.
Lilith había guardado el diario en el ático. Lilith había adaptado una forma humana y masculina para atraer a Danielle y así convencerla de pasar una semana en la cabaña maldita a un bajo costo... aunque no tan bajo.
Al descifrar lo escrito en las últimas páginas amarillentas por la vejez, comenzó la diversión.
†
Apenas Danielle besó a la ingenua Dianne, la demonia tomó posesión de su cuerpo y Danielle murió súbitamente por las autolesiones y anemia reciente, su alma había muerto apenas se dejó llevar por los susurros incitantes del bosque.
Harry continuó recitando oraciones que no salvarían ni a sus escasas esperanzas, no estaba enfrentando a cualquier fantasma, sino a la mismísima mujer de Lucifér, primera creación fémina de Dios.
La gemela poseída se rió a carcajadas, inundando el ático con su tono macabro y haciendo estallar los vidrios de las ventanas. Un trueno asotó el cielo en señal de apoyo del Diablo, todos los habitantes invisibles de Coldrick estaban disfrutando de la fiesta retorcida que apenas estaba dando su comienzo.
El demonio hizo que el cuerpo de Dianne alzara una de sus manos en el aire y, a su vez, elevando el cuerpo del monaguillo. El moreno, pese a que una fuerza demoníaca lo manejaba a su antojo al hacerlo levitar, continuó vociferando el padre nuestro con las cuerdas vocales aclamando piedad.
El cuerpo de Harry fue azotado contra la pared, los huesos de su columna vertebral se retorcieron más y más a medida que lo iban estampando con una fuerza antinatural. Al asegurarse de que las lesiones fuesen más que graves, Lilith se deshizo del ridículo ciervo al arrojarlo por la ventana desquebrajada, complacida de saber que estaban lo suficientemente alto como para que su amado Dios pudiese salvarlo.
Kaller recogió el crucifijo del suelo y lo colocó inutilmente frente a su anatomía, agarró un cuchillo y comenzó a afilarlo para poder usarlo como un arma.
¿Alguien podría por favor decirle que eso era para los vampiros?
Margo lloraba en silencio, comenzando a creer hasta en el monstruo del armario. Mirar a su hermana con los ojos volcados, elevada por los aires y asesinando a los que en el pasado habían sido sus amigos del alma, le descolocaba el corazón y disipaba su fe.
Encojida en posición fetal en una esquina de la tétrica escena, seguía sin entender qué habían hecho mal. ¡Ya habían cumplido el propósito de la alma en pena! ¡¿Ahora por qué los castigaban?! Se había arrepentido de sus pecados, se suponía que ya estaban perdonados... Quizás ese sea el error de muchas personas, creer que pueden eludir su karma por el simple hecho de estar arrepentidos.
Pero la verdad era que habían ayudado a aquella mujer de la carretera a encontrar su paz eterna, pero de ninguna manera podían liberarse de la maldición de la cabaña. Porque quien pisa Coldrick, ya tiene a la muerte detrás de la puerta, y un pase al infierno asegurado.
Mientras Kaller cantaba una canción bíblica en un patético interno de salvación, Margo corrió hasta a él, le arrebató la estaca que ya había terminado de crear, y se apuñaló su propio corazón, muriendo al instante. Era malditamente tortuoso ver a tu hermana en cuerpo y saber que morirá cuando la fuerza malévola se harte de habitarla.
Abigail seguía en shock, las lágrimas abandonaban sus retinas pero ni siquiera podía sollozar o intentar salvarse. Sabía que estaba viva por el simple hecho de sentir el corazón palpitándole en los oídos, estaba en un conciente estado de coma.
El crecimiento de su pequeño hijo pasó frente a sus ojos cuando su mirada se conectó con la de la demonia. A medida que su amiga poseída se acercaba a ella, sólo pudo respirar profundo y pedirle a Dios misericordia por la vida de su hijo y la de la mujer que amaba... Lo último que pudo recordar fue el último día que lo abrazó, no pudo ser consciente de nada más después de que Lilith succionase su alma.
La demonia pisó tierra firme y caminó seductoramente hacia la única vida que quedaba, le tomó el menton a Kaller con una dulzura descarada y le quebró el cuello mientras recitaba una peculiar melodía en arameo.
Lilith chasqueó los dedos y de repente todos los cuerpos inertes se desvanecieron en el aire como hologramas que fallecían, sus sombras fueron trasladadas al limbo mientras que el fantasma responsable de todo ese caos ordenaba las cosas tal y como habían estado cuando los seis amigos llegaron para disfrutar de unas vacaciones y echarse la soga al cuello.
Los vidrios se adhirieron a la ventana como si nunca hubiese sido quebrada por un chillido escalofriante, las cajas fueron apiladas y el libro explicativo de la leyenda fue guardado nuevamente en su caja.
Y después, como si nada hubiese pasado, el amanecer abrazó al cielo y la cabaña Brownbear volvió a estar a merced de nuevos visitantes, ignorantes al destino macabro e ineludible que les aguardaba.
F I N.