Margo
—¡¿Me estás escuchando, Harry?!— ese grito de histeria y demencia lo soltó Abigail después de pasar rato intentando explicarle algo al susodicho— ¡Harry, j***r!
Me quedé sola en la cabaña mientras Kaller salió junto con ella y mi hermana al pueblo por la comida, Danielle salió supuestamente a buscar señal, montándose en la rama de algún árbol o no sé. Estos dos han estado discutiendo desde que Abi llegó del pueblo.
—Harry— Abigail habla con más calma—. Harry, te creo. Sé que es verdad lo de Danielle, aquí están pasando cosas extrañas.
Por alguna razón se me ponen los pelos de punta, agh. Los ignoro mientras sigo revolviendo la sopa en la fogata con una cuchara de madera.
Dianne me dijo que Abi se puso toda rara apenas llegaron a Coldrick, mi hermana se encerró en nuestra habitación para esperar a que llegue Danielle y ver qué hará.
Harry me pasa por un lado, caminando a paso apresurado; Abigail lo sigue en medio de un trote.
—¡Harry! ¡Vamos a morir! ¡Prestame atención!
—¡Ya lo sé, Abigail!— Le contesta él con la misma tonada y las manos a los costados de la cabeza.
—Bueno, ¿Les pica la mierda?— miro a ambos ceñuda.
—Harry— Abigail agarra las manos de su ex mientras los dos me ignoran—. Tenemos que hacer algo, todos tenemos una vida...
—¡Analisse nos quiere muertos por lo que le hicimos, ya lo sé!
Abi se aleja unos pasos, denotando perplejidad.
—¿Analisse? ¿Quién es Analisse? Yo hablo de Lilith.
—¿Qué tiene que ver la demonia Lilith con lo de Analisse?— inquiere él— ¿Y tú como sabes quien es Lilith? Si pocos la conocen.
—¿Quienes son Analisse y Lilith?— pregunto yo. No llevamos ni veinticuatro horas aquí y ya me están volviendo loca.
—Analisse es...— Harry hace una pausa dudosa, pero termina de decirlo— La mujer que arrollamos el día de la graduación.
Suelto la cuchara de madera, ésta se hunde en la sopa mientras llevo las manos a mi boca, el flashback de mi sueño se presenta de manera inminente.
La vista de Dianne quitando la atención de la carretera para colocarla en Danielle, pidiéndole nuevamente que se baje.
El grito de Abigail y el sonido del freno repentino bajo la melodía de Bon Jovi.
El cuerpo inconsciente frente a nosotros, siendo yo la primera en captarlo y bajar de la camioneta.
Varios negándose a ir a prisión, arrojando el cuerpo al lago, ahogando a la mujer en vida.
Mi sueño me transporta a un escenario diferente. El reloj marca las seis en punto de la mañana.
Una iglesia... Decoración de color blanco y dorado, los murmullos de los invitados cada vez más altos.
Una boda.
Un novio preocupado, esperando en el altar.
Una sombra entra por las grandes puertas, saluda y les sonríe a todos, pero nadie le devuelve el gesto; no se percatan de que está ahí.
En medio de la extrañeza se acerca al altar y toma el rostro del novio entre sus manos, éste parece no sentir su tacto.
La sombra suelta un grito que nadie oye, pero todos observan como las velas se apagan de repente.
Ahora sé el nombre de esa sombra que desde ese día permanece en pena.
Analisse.
Dianne aparede de no sé donde, palmeandome la cara, yo la miro con asombro mientras el pecho se me agita.
Sabía que había soñado algo, pero no recordaba exactamente qué era. Esa sensación de querer recordar el sueño cuando te levantas, pero es como si se hubiese borrado de tu memoria, o simplemente recuerdas minúsculas escenas sin sentido.
Pero ahora me doy cuenta de que no sólo fue un sueño, sino que...
—Margo, ¿estás bien?
—Analisse me lo mostró en un sueño— miro fijamente los ojos marrones de mi hermana—. El-ella iba a casarce a-al día siguiente— balbuceo—, a las seis.
—¿Quién es Analisse?— pregunta mi hermana.
—¿Qué más te hizo ver?— Harry se interpone, quitando a Dianne.
—Nosotros la matamos, ¿recuerdas que estaba ebria?— él asiente— venía de su despedida de soltera, y la matamos.
—¿No acordamos que no hablaríamos de eso nunca?— Kaller aparece en la escena con los brazos cruzados.
—Ella nos persigue...
—¿Quién?— pregunta Dianne.
—Lilith— contesta Abi.
—No, no— sacudo la cabeza—. Analisse.
—Ahora no sólo están locos Abigail y Harry, sino que también mi gemela— se cruza de brazos—. Genial— bufa.
—¿Quien es Lilith?— pregunta Kaller.
—Si, ¿Quién es Lilith?— secundo, buscando la respuesta en Abigail.
—No tengo idea— responde ella, lágrimas comienzan a brotar de sus ojos—. Sólo sé que vive aquí y que va a matarnos.
—Tenemos que aclarar todo este asunto, muchachos— habla Harry—. Pero primero, ¿Donde está Danielle?
Todos comenzamos a mirar en distintas direcciones, nos convencemos de que no está cerca; así que apagamos la fogata y comenzamos a buscar a la rubia. Nadie se separó a más de cuatro metros del resto, lo único audible en esta soledad y frío eran el graznido de las aves, nuestros gritos y las ramas crugir bajo nuestros piés.
Miramos las copas de los árboles, en otra ocasión me habría detenido a contemplar la precioda timidez botánica, pero no en esta. Duramos eso de una hora gritando un nombre, sin conseguir respuestas, comenzamos a sentirnos exhaustos y hambrientos, pues, sólo hemos comido botanas desde que llegamos.
—¡Danielle!— mi garganta comienza a sentirse seca.
Ni siquiera nos molestamos en traer agua, no pensamos que duraríamos tanto.
—¡Vamos! ¡Ni que estuvieramos en el Aokigahara!— espetó Kaller, pateando una piedra.
—¿Okija quién?— inquirió Abigail, volteandolo a ver, ya que él estaba atrás.
—Es sólo un bosque japonés maldito— Kaller hizo un ademán de poca importancia.
—¡Danielle! Dios mío, estoy agotado— Harry llevó una mano a su pecho.
—Deberíamos regresar por unas tiendas y acampar aquí— ofreció mi hermana—. Al menos para descansar un rato y seguir con la búsqueda luego.
A todos nos pareció buena idea, así que dimos la vuelta para regresar a la cabaña.
Por mi mente no dejaba de pasar el recuerdo terrorífico de mi sueño una y otra vez. No sé qué tendrá que ver Analisse con la tal Lilith, pero buena espina no me da. Abigail dice que la segunda va a matarnos, Harry dice que será la primera; yo me veo creyendo lo que ambos dicen porque los escenarios alternos de mi cabeza me obligan a creerles, Kaller no nos presta atención, sólo anda ensimismado en encontrar a Dan, creo que hasta más que cualquiera de nosotros; Dianne nos está tachando a todos de locos y Danielle no contesta a nuestros llamados ni con la boca, ni con el culo.
Tengo la corazonada de que vinimos aquí por una razón, y a divertirnos no fue.
El cielo comienza a teñirse de un ligero color amarillento, indicando que más o menos son las cuatro de la tarde.
Todos nos colocamos de cuclillas frente al riachuelo para beber agua de sus orillas. Subo con mi hermana y con Abi a la habitación de Danielle. Abro una de sus grandes maletas y saco tazas y cucharillas para comer la sopa, unos termos para llenarlos de agua, repelente de mosquitos, cobertores y fósforos; meto todo en un bolso viajero.
Veo a Dianne y Abi montarse a los hombros las mochilas con las tiendas y almohadas y bajamos de nuevo.
Harry y Kaller agarran la gran olla entre ambos y comenzamos a devolvernos a donde nos quedamos hace un momento.
*
Eran las ocho y media cuando a Harry se le apagó el celular y nos quedamos sin poder ver la hora o escuchar sus músicas cristianas, bueno; había durado mucho. A esos celulares dinosaurios les dura la batería como cuatro días, y dijo que no lo había cargado antes de viajar.
Sansung 0 - 10 La vieja era.
Cuando llegamos, nos bebimos la sopa que aún estaba tibia, reposamos y seguimos caminando. En vano, no encontramos a Danielle.
Justo ahora, me encuentro huntandome repelente en los brazos mientras Haller aviva la fogata con un pedazo de cartón, agitándolo. Como típica película de campistas; arrastramos unos troncos y estamos sentados sobre ellos, pero en vez de estar echando cuentos o cantando mientras alguien toca una guitarra, cada quien está absorto en sus propios pensamientos.
Por nuestras mentes pasaros muchas posibilidades del paradero de nuestra amiga, las cuales fueron descartadas de inmediato.
Dianne: Tal vez fue a Coldrick.
Para eso hubiese ido con ellos en la mañana, además, tardaría dos días en llegar si se hubiese ido caminando.
Abigail: Quizás alguien se la llevó para tener sexo casual, ya sabemos como es de calenturienta.
Nadie ronda por estos lares porque ya nadie siembra ni reside aquí, el único sitio es la cabaña y por lo visto, todos le tienen el miedo suficiente como para jamás salir de Coldrick.
Harry: Tal vez sólo se alejó demasiado y no recuerda cómo regresar, no hay que ser pesimistas.
Sí, el bosque es grande, pero ya como mínimo habría escuchado nuestros gritos, o dejado alguna pista para encontrarla.
Estamos angustiados por su repentina desaparición cuando deberíamos estar escalando una montaña o andar bebiendo.
—Tendré que contarles aunque Danielle esté ausente— habló Harry, acabando con el silencio que arropaba al ambiente.
—Estamos rodeados de árboles en medio de la nada, son como las dos de la mañana, nuestra amiga desapareció, estamos cansados, ¿Y a ti te dan ganas de contar historias de terror— inquiere Kaller con una nota áspera—. Que bolas tienes tú.
—Necesitamos escuchar lo que Harry tiene para decir, imbécil— ataca Abigail—. Cierra ya la maldita boca y escucha.
—Pff— él resopla—. Yo paso— se levanta y se mete en su tienda, subiendo el cierre y todo.
Dianne, Abigail, Harry y yo nos sentamos en el suelo en un círculo; la Luz amarillenta de la fogata ilumina nuestros rostros mientras Harry suelta una larga respiración y comienza a contarnos.
—A todos nos contaron la historia del edén, esa donde Dios le quitó una costilla a Adán para crear a Eva. Pero omitieron una parte— exhala—. La primera mujer de Adán no fue Eva como lo cuentan en los escrito bíblicos, fue Lilith. Todo iba bien hasta que un día Lilith se hartó de Adán, de tener que cumplir el reglamento de Dios al pié de la letra, entonces abandonó el edén— marco mi ceño al fruncirlo, francamente desconocía ese relato—. Dios para castigarla, la convirtió en una demonia. Lilith creó a los vampiros y otros seres oscuros al Dios haberla desterrado del paraíso, luego fue que se creó a Eva...
—No entiendo nada— interrumpe Dianne—. Ni siquiera sé por qué estoy aquí.
—Hermana— hablo para que no se vaya—, esto es muy importante— me vuelvo hacia Harry—. Continúa.
—Lilith se enfureció al enterarse de que Adán estaba siendo feliz con una nueva mujer, entonces tomó a una serpiente como a su marioneta para hipnotizar a Eva a que comiera del fruto prohibído. Ganando que desterraran a la pareja del paraíso.
Me quedo perpleja ante sus palabras.
—La llaman La mujer del Diablo. Ella es quien reinaba junto a Satanás en el trono del infierno— termina de contar.
—¿A qué te refieres con "Reinaba"?— pregunta mi hermana.
—Lilith habita en la cabaña— contesta simple, a mí se me eriza la piel.
—Cuando amanezca iremos a Coldrick— habla Abi.
—No podemos ir a ninguna parte si Danielle no aparece.
—A ver, Dianne— coloca sus manos al frente—. Danielle nos trajo a una cabaña que efectivamente está maldita— enfatiza las dos últimas palabras—, efectivamente hay un alma en pena que nos anda jodiendo la existencia, ¿Y tú todavía piensas que Danielle va a aparecer?
—
Ajá, pero yo no tengo la culpa de que a Danielle se le haya ocurrido la brillante idea de traernos a una cabaña embrujada— argumenta.
—Aquí nadie tiene la culpa de esa mierda, Dianne— contraargumenta Abigail—. Eres parte de eso, quieras o no, así que cierra el culo si no vas a decir o hacer algo productivo.
—Pero no tienes que ponerte agresiva, Abi— digo—. Mi hermana sólo está preocupada por Dan, igual que todos nosotros.
—¡Tengo a mi hijo lejos! ¿Entiendes?— chilla, agarrandose la cabeza en medio del miedo— ¡Le dije a mi pareja que sólo sería una semana lejos! ¡Puede que no regrese jamás!
—Todos estamos preocupados, Abi— intenta consolarla Harry, tocando su hombro.
—¡A ustedes nadie los espera en casa! ¡No tienen pareja! ¡No tienen hijo ni obligaciones que no sea el trabajo! ¡No tienen un motivo sentimental por el cual regresar! ¡j***r!— grita todo aquello mientras sorbe por su naríz y lágrimas comienzan a salir de sus ojos.
—Tu vida aquí es la que más se acerca a definirse como perfecta— hablo para ella—, pero eso no nos hace menos que a ti. Dianne tiene una pareja con la que vive, Harry es parte de una iglesia, y me atrevo a decir que es quien menos merece estar pasando por esta situación. Kaller es un pediatra famoso, quizás yo sólo trabaje en un supermercado y puede que Danielle sea toda una loca sin ocupaciones, pero eso no significa que tengamos la culpa de lo que ocurre.
—Bueno, pero tampoco la justifiques— dice mi hermana.
—Sí la justifico porque a pesar de que la estamos pasando mal, ella tuvo la intención de reunirnos. Simplemente creyó que lo de la cabaña maldita era un simple rumor, todos nos equivocamos, no le tiremos mierda por eso.
—¡Sí, pero fue por su culpa que atropellamos a esa mujer en la carretera! ¡Si no hubiese estado ebria, Dianne no se habría distraído del volante!— espeta Abigail.
—No hay necesidad de que grites— le digo—. Iremos mañana a Coldrick como dices, no sé a qué, pero algún plan has de tener. Nos tocará ir sin Danielle y eliminar las esperanzas de que aparezca. Hay una mujer buscando venganza y puede que ella haya sido su principal objetivo.
*
Aún no ha amanecido, me muevo con cuidado de no despertar a Dianne y salgo de la tienda con la intención de orinar.
Miro de reojo la fogata apagada y me agacho detrás de un árbol. Me bajo el short junto con la pantaleta y orino sobre la hierva muerta, sintiendo un alivio. Escucho unas hojas moverse, como si alguien corriera. El miedo me abarca por estar siendo acechada por una diabla y una novia muerta.
Me subo el short rapidamente y miro hacia todas partes, alerta. Más el sonido desapareció apenas me levanté, todo está oscuro y silencioso. Me doy la vuelta para volver a mi tienda, y encuentro a alguien sentada de espaldas sobre uno de los troncos, reconozco la figura de inmediato.
Es Dan.
Respira de forma agitada y el miedo merma un poco al pensar que aquel sonido pudo haberlo causado ella. Su cabello está despeinado y la ropa la tiene toda llena de tierra.
Camino a su lugar, está cabizbaja y descalza.
—Dan— me coloco de cuclillas frente a ella, buscando su mirada.
Logro visualizar que tiene los labios entreabiertos y los ojos bastante abiertos.
—Danielle— la vuelvo a llamar, esta vez agarrando su mentón para alzar su rostro—, ¿Donde estábas?
—No lo sé— me susurra—. Estaba caminando por el bosque y ya de ahí no recuerdo nada más, sólo que aparecí bajo el agua.
—¿Agua?
—Alguien intentó ahogarme. Es como si hubiese estado dormida, pero desperté adentro de un lago.
—Pero aquí no hay lagos, Danielle.
—Después aparecí en una carretera y comencé a caminar, pero no llegaba a ninguna p-parte— tartamudea mientras respira con dificultad.
—Ajá, ¿qué pasó después?
—Desperté detrás de un árbol y caminé, y caminé, y caminé, y llegué hasta aquí.
No entiendo nada, y mi semblante confuso se lo hace saber.
—¡Intentaron ahogarme viva!— grita.
La carpa de Harry se abre, el mismo sale y camina a pasos apresurados a donde estamos nosotras.
—¿Quién intentó ahogarte, Danielle?— le pregunta a la rubia.
—Analisse— llora—, quiere que sienta lo mismo que sintió ella.