Ojos en la oscuridad

607 Palabras
​El viento aullaba entre los cañones de roca muerta. ​Elian llevaba dos días caminando por los páramos. Sus ropas eran harapos y sus labios estaban agrietados por la sed, pero sus pasos ya no eran los de un niño asustado. Eran silenciosos. Medidos. ​Se agazapó detrás de una roca petrificada, observando la llanura de sal tóxica. ​Frente a él, escarbando la tierra seca con sus enormes colmillos, había un Jabalí de Cuchillas. Era una bestia de Nivel Dos, del tamaño de un toro pequeño. Su lomo estaba cubierto de escamas metálicas afiladas como navajas que rechinaban cada vez que se movía. ​En el pasado, Elian habría huido aterrorizado. Hoy, solo veía la luz rojiza del núcleo latiendo bajo la gruesa piel del pecho del animal. Su cuerpo lo necesitaba. ​"Concéntrate", se dijo a sí mismo. "Aún no puedes controlarlo todo". ​No intentó lanzar fuego ni crear terremotos; había descubierto que usar demasiado poder de golpe le provocaba hemorragias nasales y mareos intensos. Tenía que ser inteligente. ​Elian levantó su mano derecha, apuntando hacia un pequeño charco de agua estancada y venenosa que estaba cerca del jabalí. ​Suspiró, visualizando el frío. ​El charco no se congeló, pero el agua se elevó en el aire, flotando como una esfera viscosa. Con un movimiento brusco de su muñeca, lanzó el agua directamente hacia el rostro de la bestia. ​El líquido tóxico salpicó los ojos del jabalí. La criatura chilló, un sonido agudo y metálico, sacudiendo su enorme cabeza cegada por el barro y el veneno. ​Era su oportunidad. ​Elian respiró lentamente. ​Si fallaba, el jabalí lo atravesaría con los colmillos antes de que pudiera invocar otro elemento. Su cuerpo todavía estaba inestable. Demasiado fuego… y sus venas volverían a arder. Demasiado hielo… y su corazón podría detenerse. ​Aun así, dio el paso. ​Salió de su escondite, corriendo hacia el monstruo. A mitad de camino, sintió que el calor subía por su brazo izquierdo. Esta vez no dejó que lo quemara; lo canalizó. Cuando estuvo a solo un metro del jabalí, que embestía a ciegas, Elian esquivó los colmillos y golpeó el costado de la bestia con su palma abierta. ​Una llamarada azul, concentrada y brutal, salió disparada de su mano, fundiendo las escamas metálicas y penetrando directamente hasta los órganos internos. ​El jabalí soltó un chillido metálico. El olor a carne quemada llenó el aire. La criatura dio dos pasos torpes, sacudiendo su enorme cabeza… y luego cayó de costado con un estruendo que hizo vibrar la sal petrificada del suelo. ​Elian retrocedió, jadeando, mirando sus propias manos manchadas de hollín. Lo había hecho. Había derribado a un Nivel Dos en segundos. ​Se arrodilló para extraer el núcleo, pero se detuvo en seco. ​Los vellos de su nuca se erizaron. La brisa seca de repente dejó de soplar. El silencio se volvió absoluto, antinatural. ​El viento cambió de dirección. La arena comenzó a levantarse en espirales suaves. Elian sintió la presión en el aire, como si alguien hubiera tensado una cuerda invisible alrededor de su pecho. ​Alguien lo estaba observando. ​No era una bestia. Las bestias olían a azufre y hambre. Esto era diferente. Sentía que docenas de agujas estaban apuntando a su garganta desde las sombras de las rocas. ​Elian se puso de pie lentamente, dejando el núcleo en el suelo, y cerró los puños. Chispas azules comenzaron a bailar en sus nudillos de nuevo. ​—Sal —dijo, con voz ronca pero firme—. O te quemaré junto con las rocas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR