Capítulo 7

2266 Palabras
Shine se encontraba aturdida, sintiéndose como un animal acorralado. Los guardias, sin la menor delicadeza, la sujetaban con rudeza, sus dedos se clavaban dolorosamente en sus delgados brazos, dejando marcas en su piel. Ellos casi la arrastraban, ignorando su fragilidad, y la empujaban bruscamente a través de la puerta de la habitación del rey. Sin más palabras, se posicionaban en su exterior, como guardianes para asegurarse de que no intentara escapar. La sala del rey tenía un aire pesado y sofocante que casi le quitaba el aliento a Shine. Las paredes estaban revestidas de lujosos tapices y el suelo era cubierto por una extensa alfombra roja. El mobiliario, tan opulento como intimidante, se distribuía estratégicamente por el lugar, rodeando un enorme trono de oro, adornado con piedras preciosas y terciopelo púrpura. Shine intentaba recuperar el aliento mientras miraba a su alrededor, sus ojos se encontraban con los del rey, quién acababa de entrar en la habitación. El hombre se sienta en su majestuoso trono, observándola con una expresión de superioridad y desprecio. Su mirada penetrante ocultaba sus verdaderas intenciones, haciéndola sentir aún más vulnerable. El rey se levantó con prepotencia de su trono, soltando una risa burlona. Avanzó hacia Shine con pasos lentos y amenazantes, como un depredador acechando a su presa. El eco de sus botas resonaba en la habitación, aumentando la tensión en el ambiente. —Bienvenida, Shine —dijo con voz fría y calculadora—. No esperaba que te atrevieras a desafiarme de esta manera. Pero me alegra que lo hayas hecho. Significa que eres lo suficientemente valiente para enfrentar las consecuencias de tus acciones. Shine tragó saliva, sus manos temblaban nerviosamente a su lado. Sabía que estaba en peligro, pero también estaba decidida a no dejarse intimidar. —No tengo miedo de ti, rey —respondió, aunque su voz sonaba más débil de lo que esperaba. El rey sonrió, deleitándose con su vulnerabilidad. —Oh, pequeña Shine, esto apenas acaba de empezar. —Hizo una pausa y se acercó aún más a ella, rodeándola con su imponente figura. — Ahora pagarás por tu osadía. Aprenderás a no desafiar a la corona. Shine sentía la presión aplastante del poder del rey sobre ella. Sabía que estaba en un juego peligroso, pero había decidido pelear hasta el final. No importaba cuánto la trataran como un animal, no permitiría que la apagaran. Brillaría incluso en la oscuridad más profunda y nadie podría arrebatarle sus sentimientos por Kael, no cuando él comenzaba a tornarse en su luz entre tanta oscuridad. El rey, alterado por la audacia y valentía de Shine, la agarró bruscamente del cabello, hundiendo sus gruesos dedos en su cuero cabelludo, acercando su rostro al suyo. Sin mediar palabra, plantó un beso en sus labios, esperando una correspondencia que nunca llegó. Shine, sorprendida y consternada por la violencia de aquel gesto, se vio obligada a contener su repugnancia y permanecer inmóvil. Su mente se llenó de rabia y asco ante la falta de respeto y consentimiento del rey. ¿Qué más podía pedirle a un hombre como él? Después de todo solo la veía como a su propiedad, un regalo que le fue dado para hacer con él lo que le viniese en ganas. Sus labios permanecieron sellados, negándose a responder a aquel beso impuesto. Mientras el tiempo parecía detenerse, Shine sintió una mezcla de emociones dentro de ella: indignación, miedo y un fuerte deseo de liberarse de aquella opresión. De pronto pensó en Kael, en su sonrisa soñadora, en su mirada cargada de pasión, la ternura de sus manos y lo delicioso que se sentía sus labios sobre los propios. Pensar en el príncipe le ocasionó unas intensas ganas de llorar. Finalmente, después de unos interminables segundos, el rey se separó de Shine, confundido y furioso por su inacción. Sus ojos brillaban con furia y desprecio, pero ella se mantuvo firme, sin mostrar debilidad alguna. Sin decir una palabra, el rey soltó el cabello de Shine, lanzándola hacia atrás con brusquedad. Ella cayó al suelo, pero se levantó rápidamente, con determinación en su mirada. Era consciente de que había cruzado un límite inaceptable, y estaba dispuesta a enfrentar las consecuencias de su valor. El silencio se apoderó de la estancia, mientras el rey observaba a Shine con una mezcla de incredulidad y molestia. Por primera vez, se había encontrado con alguien que no se sometía ante su autoridad, alguien que le recordaba que no era intocable. —Al parecer debo recordarte tu lugar en este reino. —Caminó en círculos alrededor de ella, como un animal que acecha a su presa. —Tengo muy claro mi lugar en este sitio, no es necesario que me lo recuerde. —Aprieta sus puños con rabia. —De todas maneras te lo recordaré... Frederick necesitaba hacerla suya, esa mujer había sido un regalo y lo aprovecharía como tal. Volvió a tomarla del cabello y Shine jadeó ante la brusquedad del agarre, sabía que no podía huir por lo que no había escapatoria para tan triste desenlace. El rey volvió a besarla, pero ella se negó a colaborar manteniendo los labios apretados, por lo que él le mordió los labios con fuerza, la joven se quejó, sus ojos azules se llenaron de lágrimas y el hombre aprovechó de colar su lengua dentro de la rubia cavidad de la muchacha. Con sus grandes y hábiles manos el rey comenzó a acariciar el cuello suave y terso de Shine, para luego deslizarse hasta su escote, palpando sus suaves y pálidos senos. Ella se sobresaltó ante las caricias del hombre e intentó empujarlo. Molesto por su actitud desafiante, Frederick se apartó de ella para propinarle otra brusca bofetada. Ante el impacto la joven trastabiló cayendo de bruces al piso. El rey le dedicó una mirada cargada de superioridad y sin darle tiempo a reaccionar la tomó del cabello arrastrándola hasta su cama. Rápida y bruscamente comenzó a despojarla de su vestido, excitandose aún más al sentir a la pelirroja temblar de miedo entre sus brazos, viendo cómo luchaba por contener las lágrimas. —Llora, me encanta cuando las putas como tú lloran y se resisten. —Sus grandes manos se posaron sobre los senos aprerujando estos. —¡Maldito, bastardo! —Gimoteó en protesta al sentir como el hombre separaba sus piernas y se colaba entre estás. Frederick se sentía más excitado que nunca, la imagen de Shine completamente desnuda era digna de grabarse a fuego en su mente. La joven era hermosa, su figura tan delicada y majestuosa era digna de un hombre como él. Tenía prisa, necesitaba tomarla en ese preciso momento de lo contrario se correría con la sola imagen de la pelirroja desnuda. Sin ninguna delicadeza se desprendió el pantalón sacando solo su m*****o, desnudarse completamente le tomaría mucho tiempo y él ya estaba que explotaba. Rozó la cavidad vaginal de la joven con su húmedo glande, por inercia Shine intentó cerrar sus piernas, pero el rey no se lo permitió. Shine gritó al sentir como el hombre se adentraba en su interior de una sola estocada, sin poder contener más las lágrimas comenzó a llorar desesperada. Presa del dolor y la desesperación comenzó a golpear el pecho del hombre, pero sus acciones solo lograban excitarlo más. Frederick no se detuvo, la embistió una y otra vez, gimiendo y jadeando fuera de si. Poco le importaba el llanto de la joven bajo él, en ese momento solo importaba el inmenso placer que sentía al penetrar tan estrecha cavidad. Para Shine, los minutos se volvieron pesados siglos, es como si el tiempo se hubiese detenido en esa interminable tortura. Cuando el hombre finalmente alcanzó el clímax y se retiró de entre sus piernas se sintió aliviada. El rey acomodó su ropa y secó el sudor de su frente para luego abandonar la habitación sin decir palabra alguna. Shine rodó sobre la amplia cama posicionándose en posición fetal y abrazando sus piernas. Lloró, lloró en silencio, dejando salir la amargura que se acentúa en su pecho. °°°°°°°°°°°°°°°°° El príncipe Kael yace en el frío y oscuro calabozo, rodeado de paredes de piedra con olor a humedad. Sus manos están atadas con cadenas, sus ropas rasgadas y manchadas de sangre y barro. El brillo de su corona ha pasado a ser solo un recuerdo lejano. Repentinamente, la puerta del calabozo se abre con un estruendo, y los guardias reales empujan a Kael dentro. Él cae al suelo, sintiendo cómo cada golpe le recuerda su desgracia. Los guardias ríen y se burlan de él, mientras las cadenas le oprimen las muñecas. El líder de la guardia, un hombre de mirada severa y armadura brillante, se acerca lentamente mientras los otros guardias se retiran. Sus pasos resuenan en el calabozo, y las llamas de las antorchas parpadean, iluminando su angustiado rostro. El líder se detiene frente al príncipe y baja la cabeza, su voz llena de pesar. —Lo lamento, alteza... No tengo elección, solo cumplo las órdenes del rey. Espero que entienda. El príncipe, a pesar de su situación, mantiene la compostura y alza la mirada hacia el guardia. Sus ojos reflejan comprensión y respeto. —No tienes nada que lamentar, noble guardia, — responde, su voz serena y firme. —Comprendo que solo sigues órdenes, si no obedeces mi padre te castigará a ti. El guardia mira al príncipe, delineando sus rasgos en la penumbra del calabozo. La grandeza de Kael aún se hace presente, incluso en esos momentos oscuros. El guardia desvía la mirada, avergonzado por su papel en aquella situación. —Es mi deber, pero también era mi deber protegerlo su majestad. — Murmura el guardia, luchando contra una oleada de emociones. —Pero me gustaría que las cosas fueran diferentes, que no tuviéramos que estar aquí, por eso le he traído algo de comer y para beber, además de algunas cosas que podrían ser de utilidad. El príncipe sonríe amablemente. —No te preocupes. El destino es caprichoso, y ahora mi camino me lleva a este calabozo. Pero el rey, mi padre, ha tomado una decisión, y nosotros, como súbditos, debemos acatarla. No haré nada que pueda perjudicar a otros, solo te pediré que veas el estado en que está Shine. El guardia asiente, sus ojos llenos de admiración por el príncipe. "Alteza, lamento profundamente que estés pasando por esto. Prometo que haré todo lo posible para velar por tu bienestar, mientras estés aquí y en el bienestar de ella. ¿La amas? El príncipe, con una mirada llena de gratitud, responde. —Aprecio tus palabras y tu compromiso, noble guardia. Pero no te preocupes por mí. Enfoca tu energía en servir al rey y al reino. La verdad siempre encuentra su camino, solo vela por el bienestar de ella, por que sí, la amo. El líder de la guardia se despide y se retira del calabozo, dejando al príncipe sumergido en la oscuridad. Pero en su interior, el príncipe Kael alberga una esperanza inquebrantable y una determinación férrea. Sabía que, aunque ahora se encontrara prisionero, el destino se encargaría de abrir nuevos caminos y revelar la verdadera justicia. Algún día, lograría librarse del yugo de su padre y gobernar con verdadera justicia, donde Shine, sin lugar a dudas sería su reina. Estimadas lectoras, Hoy quiero dirigirme a ustedes con un profundo agradecimiento en mi corazón. No encuentro las palabras precisas para expresar cuánto valoro su apoyo incondicional a mi trabajo. Cada vez que leo uno de sus mensajes de apoyo, comentarios entusiastas y palabras de aliento, siento una oleada de emoción y gratitud que me llena de energía. Su apoyo no solo ha impulsado mi motivación para continuar creando contenido y compartiendo mis ideas, sino que también me ha dado confianza en mí misma y en las historias que tengo para contar. Gracias a ustedes, me siento respaldada y alentada a seguir adelante, incluso en los momentos en que la duda y la incertidumbre intentan apoderarse de mí. Cada vez que comparto una nueva historia, un poema, una reflexión o cualquier otro proyecto creativo, siento que he encontrado un refugio en sus lecturas y en sus risas y lágrimas compartidas. Saber que mis palabras encuentran eco en sus corazones me llena de una felicidad indescriptible. Ustedes son las almas gemelas de mis pensamientos escritos, las compañeras de viaje que han hecho que esta travesía sea más significativa y enriquecedora. No puedo dejar de mencionar el impacto que han tenido en mi crecimiento personal. Gracias a su apoyo incondicional, he encontrado el coraje para explorar nuevos horizontes, desafiar mis propias limitaciones y creer en mí misma de una manera que nunca antes había experimentado. Ustedes me han enseñado que es posible superar obstáculos y alcanzar los sueños más audaces, simplemente manteniendo viva la pasión por lo que amamos hacer. Cada una de ustedes es parte de mi historia y siempre llevaré en mi corazón el amor y el apoyo que me han brindado. Sea que hayamos conectado a través de las palabras escritas o a través de la pantalla de una computadora, quiero que sepan que su influencia en mi vida ha sido profunda y eterna. Una vez más, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todas ustedes, mis queridas lectoras. Sin su apoyo constante, su amabilidad y su fidelidad, mi camino como escritora sería mucho más solitario y menos inspirador. Gracias por confiar en mi voz, por regalarme su tiempo y por ser una fuente constante de motivación y alegría. Con amor y gratitud eternos, Nekuchito. ❤️
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