Capítulo 8

1921 Palabras
Shine se encontraba en un estado de angustia constante, sintiendo cómo los días se desvanecían desde que el rey, con su acto de brutalidad, la había tomado a la fuerza. Sabía que cada día, sin excepción, él procuraba tomarla una y otra vez, robándole no solo su libertad, sino también su dignidad. Sin tener ni la más mínima pista sobre el estado del príncipe Kael, excepto que había sido encerrado en los oscuros calabozos del castillo, Shine se aferraba a la esperanza de encontrarse con él nuevamente. Sabía que debía soportar la crueldad del rey y sufrir en silencio mientras ideaba un plan para escapar de aquel infierno. Sin embargo, esa mañana, su tormento tomó un nuevo rumbo. Cuatro imponentes guardias irrumpieron en su habitación y la sujetaron con brusquedad, no dando lugar a que pudiera resistirse o siquiera comprender lo que estaba ocurriendo. Lo único que atinó a hacer fue cerrar los ojos y permitir que la arrastraran hacia su destino incierto. El pánico se apoderaba de ella mientras se dirigían hacia los calabozos, el lugar de residencia forzada del príncipe Kael. ¿Qué podía significar esto? ¿Habría alguna conexión? Las preguntas revoloteaban por su mente, pero no había forma de obtener respuestas en aquel momento. Finalmente, llegaron a la entrada de los calabozos, un sitio oscuro y lúgubre que parecía haber sido creado para desterrar cualquier rastro de esperanza. Sin previo aviso, la empujaron dentro de la prisión, haciéndola tropezar y caer al suelo frío y húmedo. Los barrotes de la celda se cerraron tras ella, sellando su encierro. Shine se levantó, adolorida y confundida, mientras sus ojos se acostumbraban a la penumbra. Fue entonces cuando lo vio, el príncipe Kael en su celda contigua con una expresión de sorpresa y preocupación en su rostro. No había palabras, solo el silencio opresivo que envolvía aquel lugar inhóspito. El rey había logrado su cometido. Había encerrado a Shine y a Kael juntos, dejando en claro que no toleraría ninguna insolencia hacia su autoridad. Pero en ese instante, a pesar del miedo y la desesperación, un destello de esperanza nació en el corazón de Shine. Tal vez, en esa oscuridad, encontrarían el camino hacia su libertad y también hacia un amor prohibido que se resistía a apagarse. —Kael... —Su voz se rompió al ver el deplorable estado del joven y apuesto príncipe. Extendió uno de sus brazos a través de los barrotes con la finalidad de tocarlo. —¿Qué te hicieron Shine? ¡Estaba tan jodidamente preocupado! —Se arrastra hasta los barrotes y recarga su mejilla contra estos, permitiendo que los tibios dedos de la joven lo exploren. —¿Qué demonios te hicieron a ti? ¡Estás lleno de sangre! Necesito curar esas heridas... Kael... —Comienza a llorar sintiéndose impotente. El príncipe Kael, con la voz apenas audible debido al dolor, se acercó a Shine, colmado de heridas y con los ojos cargados de pesar. Suspiró hondo, tratando de ocultar el sufrimiento que lo embargaba mientras extendía su mano hacia ella. —Shine, —susurró con voz apagada, —sé que posees un poder interior que puede curar mis heridas. Necesito que extiendas tus manos hacia mí, concentres toda tu energía en ellas y canalices tu deseo de sanación. —Le dedicó una sonrisa de labios temblorosos. La joven, llena de angustia ante la desolación que dominaba el semblante del príncipe, tembló por unos instantes. Lo miró fijamente, dejando que sus ojos azules se perdieran en los profundos y afligidos ojos rojizos del príncipe, y decidió confiar en sus palabras, decidió por primera vez en la vida confiar en si misma. Con manos temblorosas, Shine extendió sus palmas hacia Kael y cerró los ojos. A medida que su mente se inundaba de pensamientos positivos y de deseo de sanar, pudo sentir una poderosa energía fluir a través de sus venas. En las penumbras de aquellos calabozos fríos y lúgubres, algo comenzó a cambiar. La tenue iluminación se intensificó mientras las manos de Shine se llenaban de una cálida y brillante luz dorada. Aquel fulgor parecía emanar paz y esperanza, rompiendo con la oscuridad que los envolvía. Con movimientos delicados y llenos de determinación, con las manos iluminadas, Shine se acercó al príncipe Kael. Sus dedos tocaron su piel lacerada, permitiendo que la energía curativa fluyera directamente hacia las heridas. Un suave pero potente resplandor envolvió al príncipe, y lentamente las abrasiones y contusiones comenzaron a desvanecerse. La magia del amor y la valentía de Shine eran capaces de sanar incluso las heridas más profundas, borrando los rastros del dolor que había sufrido Kael. Un suspiro de alivio escapó de los labios del príncipe, mientras observaba atónito cómo su piel iba recuperando su aspecto saludable y las heridas cicatrizaban a una velocidad asombrosa. El príncipe elevó la mirada hacia Shine, con gratitud y asombro reflejados en sus ojos. —Lo has logrado, Shine. Tu amor y tu coraje me han salvado, —susurró Kael, con la voz llena de emoción. —Eres mi luz en la oscuridad. Shine sonrió dulcemente, sintiendo cómo la felicidad se apoderaba de su ser. Sabía que, a partir de ese momento, nada podría romper el vínculo especial que los unía. Habían demostrado que, juntos, podían superar cualquier obstáculo y sanar cualquier herida. Kael era su fortaleza y pilar en medio de tan incierto destino. °°°°°°°°°°°°°°°°°° En uno de esos días sombríos, Kael y Shine se encontraban sentados en un rincón del calabozo, apenas iluminado por una vela temblorosa. Sus rostros mostraban el cansancio acumulado, pero a pesar de eso, sus ojos brillaban con un apice de esperanza. Kael tomó suavemente las manos de Shine entre las suyas, buscando su mirada mientras sus palabras llenaban el espacio cargado de silencio. —Shine, sé que estos días han sido difíciles, pero quiero que sepas que no estás sola. Juntos podemos encontrar una salida de este lugar y restaurar nuestra libertad, pero mientras debemos volvernos más fuertes. Los labios de Shine se curvaron en una tímida sonrisa mientras su mirada se encontraba con la de Kael. Sentir el contacto de sus manos y escuchar sus palabras reconfortantes era un bálsamo que alejaba la oscuridad momentáneamente. —Gracias, Kael. No puedo expresar con palabras lo mucho que significas para mí, —susurró Shine, dejando escapar un suspiro cargado de emoción. Kael acercó su rostro al de ella, sintiendo el aliento dulce de la pelirroja rozar su piel. En ese momento, el tiempo pareció detenerse, y los latidos de sus corazones resonaron en perfecta armonía. Sus labios se rozaron suavemente en un beso lleno de promesas y anhelos. Después de ese tierno encuentro, Kael apartó suavemente sus labios de los de ella y la observó con ternura. —Shine, mi amor, nunca dejaré de luchar por nosotros. Estoy convencido de que tu magia es un regalo inmenso, y juntos podemos utilizarla para cambiar nuestras vidas. Sabes que no me importa lo que te aya obligado a hacer mi padre, él pagará por el daño infligido y a ti te amo tal cual eres. Shine desvió la mirada brevemente, sintiendo la importancia de las palabras de Kael en su corazón. Tomó una profunda respiración y elevó sus ojos hacia él, llenos de determinación. —Tienes razón, Kael. No podemos dejar que estos barrotes nos definan. Vamos a demostrarle al mundo el poder que llevamos dentro y que somos inocentes de cualquier cargo que se nos acuse y que amarnos no es ningún pecado. Kael sonrió, entrelazando sus dedos con los de Shine con un gesto lleno de complicidad. Juntos, empezaron a experimentar con la magia de ella, explorando sus capacidades y comprendiendo los principios básicos para controlarla. A medida que los días pasaban, los calabozos se convertían en un lienzo donde su unión se fortalecía. Cada descubrimiento, cada hechizo logrado, fortalecía su determinación de escapar y enfrentarse al mundo exterior. Con el tiempo, Shine y Kael se dieron cuenta de que su amor no solo era una fuerza poderosa, sino también una llama que iluminaba incluso en la más oscura de las situaciones. Juntos, descubrieron que podían encontrar la luz en lo más profundo de la oscuridad y convertir aquellos días sombríos en el inicio de una historia llena de magia y amor verdadero. °°°°°°°°°°°°°°°°°°° Los rayos del sol iluminaban el imponente castillo de Frederick, mientras este se encontraba preparándose para el gran evento que estaba por celebrarse. El rey había decidido llevar a cabo la boda que tanto había prometido, aunque en su corazón no se encontraba la novia con la que se había comprometido inicialmente. En lugar de casarse con Shine, su regalo, Frederick había decidido sellar su unión matrimonial con Sasha, su concubina más leal y devota. A pesar de reconocer que no la amaba como a Shine, el rey se dejó llevar por los intereses políticos y por el deber que tenía como monarca de mantener la estabilidad en el reino. La ceremonia comenzó solemnemente en el majestuoso salón del castillo. Los pilares de mármol, cubiertos de enredaderas floridas, se alzaban orgullosos mientras los invitados se acomodaban en sus sitios. El aire se llenaba de expectación y susurros alrededor de la decisión del rey. Desde los balcones y las calles aledañas, prácticamente todo el pueblo había acudido a presenciar tan importante acontecimiento. Vestidos con sus mejores galas, los ciudadanos esperaban ansiosos para ver al rey y su nueva esposa salir del castillo como una imagen de prosperidad y buen augurio para el reino. La llegada de la pareja real fue recibida con una ovación ensordecedora por parte de la multitud que los aclamaba. Los vitoreos y aplausos se mezclaban con el sonido de las trompetas y tambores, creando una melodía festiva que inundaba el ambiente. Durante el banquete, el rey bebió sin control, dejando que el licor embriagara su mente y sumiendo su juicio en un mar de confusión. Sin percatarse del estado en el que se encontraba, Frederick decidió tomar el camino de los calabozos, sin la escolta de sus guardias. El silencio envolvía los oscuros pasillos subterráneos, solo roto por el sonido de sus pasos. El rey avanzaba guiado por su deseo incontrolable de encontrarse nuevamente con Shine. Sus pensamientos se nublaban con cada resquicio de razón que intentaba escaparse de su consciencia. Al llegar a la celda donde Shine se encontraba recluida, el rey abrió la puerta con brusquedad. La joven, sorprendida y temerosa, se encontraba en un rincón, ocultándose de la vista de todos aquellos que le habían arrebatado su libertad. Frederick, con mirada desorbitada, se acercó a ella, empujando sus límites morales e ignorando que su único hijo y heredero a la corona se encontraba recluido en el otro calabozo. Shine, por su parte, no pudo evitar sentir un torbellino de emociones en su interior. A pesar del desprecio y del sufrimiento que había experimentado en aquel lugar, ver al rey cara a cara una vez más la llenó de inseguridad, quedando paralizada frente a su verdugo y violador. Los cautivos suspiraban en silencio y los muros del lugar parecían absorber cada susurro y cada movimiento de ambos. En ese instante, las palabras quedaron suspendidas en el aire, esperando a que el rey pronunciara la respuesta a la pregunta más importante de todas. ¿qué sería de ellos a partir de ahora?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR