Capítulo 13

1639 Palabras
Ambos se encontraban sentados frente a frente en la mesa del modesto comedor, mientras en completo silencio comían fruta picada. Shine, observaba a Kael de reojos, mientras se debatía consigo misma si debía hablar o no. Mordiendo sus propios labios decidió decir lo que pensaba al respecto. Kael levantó la mirada de su plato de fruta picada al escuchar las palabras salir de los labios de Shine. —No podemos seguir escondidos Kael, al menos no podemos seguir de este modo de por vida... Tarde o temprano nos encontrarán, por eso debemos hacer algo. —Fijó su mirada en la de él y sus labios temblaron ligeramente, —debemos enfrentar a Frederick, destituirlo del poder y para conseguirlo necesitamos aliados... Una mezcla de sorpresa y determinación se reflejó en el rostro del príncipe mientras procesaba las palabras de su amante y compañera. El silencio que había reinado entre ellos se rompió finalmente. —Tienes toda la razón, Shine —respondió Kael, su voz cargada de una determinación tranquila. —No podemos escondernos para siempre. Llegó el momento de actuar y buscar aliados para nuestro propósito. Shine asintió con solemnidad, sabiendo que las palabras de Kael significaban que finalmente estaban dispuestos a enfrentarse al rey. Ella también había sentido el peso de la opresión por demasiado tiempo y estaba ansiosa por liberarse. —Debemos encontrar otros que compartan nuestro deseo de justicia y libertad —aseveró Shine con firmeza. —Personas dispuestas a enfrentarse al rey, incluso si eso significa arriesgarlo todo. Kael se levantó de la mesa y caminó hacia la ventana, mirando en dirección al reino que una vez había sido su hogar, con una mezcla de melancolía y resolución. Necesitaba encontrar la forma de derrocar al rey y devolver la paz y la justicia a su pueblo, pero sabía que no podía hacerlo solo. —El reino está lleno de personas oprimidas, Shine. Personas que han sufrido bajo el yugo del rey durante demasiado tiempo. Debemos encontrarlos y unirnos a ellos. Juntos, seremos más fuertes. Aunque advierto desde ya que no será una tarea sencilla. Shine se acercó a Kael y puso una mano reconfortante sobre su brazo. —No te preocupes, Kael. No estás solo en esto. Estoy contigo hasta el final. Juntos encontraremos aliados y derrocaremos al rey, de lo contrario, juntos moriremos en el proceso... Kael sonrió, agradecido por tener a Shine a su lado en este momento de su vida tan peligroso. Ella era valiente y decidida, una verdadera compañera en la lucha por la libertad. Además, amaba a Kael con locura, estaba dispuesta a arriesgar su propia vida con tal de salvar la del príncipe. —Gracias, Shine. No puedo imaginar hacer esto sin ti —confesó Kael, sintiendo cómo la conexión entre ellos se fortalecía aún más. —Tampoco yo, mi amor. —Acortó la poca distancia que los separaba y envolvió sus delgados brazos alrededor del cuello del joven. —Te amo tanto, mi amor... —Susurró él sobre sus labios y ella correspondió con un apasionado beso. °°°°°°°°°°°°°°°°°°°°′ Los latidos del corazón de Shine resonaban en sus oídos mientras se aferraba aún más al trabajado cuerpo de Kael. Su piel, suave y cálida, contrastaba con la helada noche que se filtraba a través de las grietas de la vieja cabaña. El rumor de la lluvia golpeando el tejado era un tambor insistente que acompañaba la dulce melodía de sus suspiros entrelazados. Sin embargo, justo en medio de aquel idílico momento, un sonido extraño rompió la armonía de la habitación. Los ojos de Kael, llenos de preocupación, reflejaron destellos de preocupación mientras se levantaba de su cómodo refugio. Con una mirada a Shine, hizo un gesto de silencio y, haciendo uso de sus poderes, apagó la chimenea que había sido testigo mudo de su afecto. La oscuridad se apoderó del lugar, dejándolos sumidos en una profunda tiniebla. En silencio y sin atreverse a hacer el más mínimo ruido, ambos permanecieron inmóviles. Los latidos del corazón de Shine se aceleraron, y una mezcla de miedo y excitación se apoderó de ella. El sonido persistente, ahora más cercano, llenaba cada rincón de la estancia. La pelirroja tuvo la urgencia de abrazarse más a Kael, buscando en su presencia seguridad y protección. Pese al profundo misterio que se había instalado en la habitación, su amor por él era capaz de desbaratar cualquier temor. Kael, guiado por su instinto y su deseo de proteger a Shine, se atrevió a dar un paso hacia adelante, envolviendo a la joven entre sus fuertes brazos. La melodía de su respiración se fusionó con la de ella, creando una comunión de confianza y entrega en medio de la oscuridad. Finalmente, el sonido cesó, dejando un tenso silencio que parecía contener todas las respuestas. —Es probable que afuera se encuentren soldados de mi padre, Shine. Si ellos te atrapan te fusilaran... —Murmuró bajito sobre sus labios. —No permitiré que eso pase mi amor —sonrío con labios temblorosos —vamos a estar bien, pero si las cosas se ponen difíciles te encargarás de escapar mientras yo los entretengo. —Ni lo sueñes, Kael... Yo no te abandonaré. —Susurró con desición, aunque sentía que sus ojos comenzaban a escocer. El estruendoso golpe que sacude la puerta hace que Kael y Shine se sobresalten. Sin pensarlo dos veces, él coloca instintivamente a la joven detrás de su cuerpo, protegiéndola con determinación. Abriendo la puerta, un grupo de hombres empapados y algunos con heridas visibles irrumpe en la cabaña. Todos ellos soldados, algunos de su reino y otros de reinos ajenos, cosa que lo confunde. El líder del escuadrón se acerca al príncipe Kael, su voz llena de autoridad. —Es hora de que te entregues, príncipe, —dice con firmeza. —El rey Frederick te quiere vivo, al igual que a la mujerzuela que tanto proteges. Sintiendo el miedo que se adueña de Shine, sus puños se aferran desesperados a la tela de la camisa del príncipe, ocultando su rostro tembloroso contra su espalda. Ella sabe que el peligro los rodea y se aferra a Kael en busca de consuelo y protección. Kael, mirando desafiante al líder del escuadrón, responde con altivez: —No iré con ustedes. —Su voz suena tenaz y decidida. No permitirá que se lleven a Shine, a quien ha jurado proteger con su vida. El líder del escuadrón le mira con desprecio, pero su mirada se desvía hacia Shine, desprotegida detrás del —No seremos amables si decidimos tomarla a la fuerza, —amenaza sin titubeo. —Mis hombres se encargarán de darle un buen trato a esta zorra, para cuando todos terminemos de follarla no le quedarán ganas ni de respirar. El corazón de Kael se llena de rabia ante la audacia de amenazar a Shine. Con determinación, se coloca frente a los hombres, su mirada desafiante. —Nunca les permitiré que le hagan daño, —declara con voz firme. Está dispuesto a enfrentarse a ellos, a darlo todo por proteger a la mujer que ha robado su corazón. Los soldados se tensan, preparados para el enfrentamiento, pero Kael no vacila. Su amor por Shine es fuerte y lo impulsa a luchar sin miedo contra aquellos que amenazan su felicidad. Juntos, están dispuestos a enfrentar cualquier desafío, sin importar las consecuencias. Kael observó detenidamente a los hombres a su alrededor, respiró hondo y se preparó para desatar su poder. Levantó sus manos al cielo y una energía mágica comenzó a desprenderse de su cuerpo, envolviendo la habitación. Los soldados se sintieron abatidos ante el poder del príncipe, para nadie era secreto que las conquistas del rey Frederick eran gracias al inmenso poder de Kael. Los soldados, sorprendidos por la repentina manifestación de magia, intentaron atacar a Kael. Pero él fue más rápido. Sus manos se movieron con elegancia y destreza, desatando un torrente de hechizos y conjuros que los dejaron paralizados. No tenía intención de matarlos, solo quería asegurarse de que no pudieran seguir atacándolos. Shine observaba la escena con una mezcla de admiración y miedo. Sus ojos brillaban al ver a Kael desplegar su magia, pero también estaba asustada por las consecuencias que esto podría tener. Sabía que no podían quedarse ahí por mucho tiempo, así que cuando los soldados yacían inconscientes en el suelo, ella agitada tomó la mano de Kael. Sin embargo, al salir de la cabaña, su alegría se transformó en completo terror. Lo que encontraron afuera era una visión desalentadora. Cientos de soldados rodeaban la cabaña, con sus armas en las manos y miradas amenazadoras. Shine se aferró aún más a la mano de Kael, sintiendo que los latidos de su corazón se aceleraban. En ese momento, Kael supo que ganar la batalla sería una tarea casi imposible. Observó a esos cientos de hombres, su expresión decidida pero también consciente de la dura realidad. Se preguntó cómo habían llegado a esa situación, sintiendo una oleada de frustración y rabia recorriendo su cuerpo. A pesar del miedo y la incertidumbre que los embargaba, Kael mantuvo la calma. Sabía que tenía que encontrar una solución, una manera de escapar de esa trampa mortal en la que se encontraban. Miró a Shine, quien se apoyaba en él para mantenerse en pie, llena de temor. —No te preocupes, Shine —murmuró, apretando su mano con fuerza. — Encontraremos una salida juntos, lo prometo. Shine asintió con ojos llenos de confianza, porqué sin importar las circunstancias creía ciegamente en él sabiendo que Kael haría todo lo posible para protegerla. Juntos, se prepararon mentalmente para el enfrentamiento inminente, conscientes de que no se rendirían sin luchar. La valentía y el amor los guiaban, incluso en medio de la adversidad más desafiante.
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