Shine se encontraba sola en aquella vieja y polvorienta cabaña después de despedir a Kael con un sin fin de besos. Decidió aprovechar la mañana libre para arreglar un poco el lugar y hacerlo más habitable. Con un gesto sutil, hizo uso de su magia, canalizando sus energías para eliminar el polvo acumulado en el piso y las superficies.
Con cada movimiento de su mano, partículas invisibles se desprendían del aire y se dispersaban en el espacio. Los rayos del sol entraban por las rendijas de la ventana, iluminando el polvo suspendido en el aire como diminutos destellos dorados. Shine sonrió mientras realizaba su tarea, disfrutando del espectáculo que su magia y la luz del sol creaban juntos.
Sin embargo, no todo era perfecto. De repente, un ataque de estornudos interrumpió el tranquilo panorama. La pelirroja intentó contenerlos, pero no pudo evitar que sucedieran. Uno, dos, tres estornudos resonaron en la cabaña, rompiendo por un momento la armonía. A pesar de ello, su magia seguía en acción. Cada estornudo parecía tener un efecto mágico, dispersando aún más el polvo y limpiando las últimas partículas que quedaban. El resultado era impresionante, el ambiente polvoriento se transformó en un lugar limpio y acogedor.
Shine soltó una risa mientras observaba el resultado de su trabajo. Aunque su magia había causado aquellos estornudos, no podía evitar sentirse satisfecha con el resultado. Ahora, la cabaña parecía haber recobrado vida, lista para acoger a Kael cuando regresara. Se quedarían en aquel sitio un tiempo indefinido, por lo que debía forjar su hogar entre esas apolilladas paredes de madera.
Con una mirada de satisfacción, Shine se tomó un momento para apreciar la transformación de aquel lugar. Sabía que lo que vivía con Kael merecía un entorno acogedor, y ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para lograrlo. Sus habilidades mágicas y su amor por él eran las herramientas perfectas para crear el hogar que momentáneamente ambos merecían.
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Kael miró a su alrededor con cautela mientras descendía de su caballo y se acercaba al puesto. El aroma embriagador de frutas maduras y verduras frescas llenaba el aire, haciendo que su estómago gruñera de hambre. La tensión le recorría los músculos mientras se adentraba entre las hileras de alimentos expuestos.
El dueño del puesto, un hombre de barba canosa y gesto adusto, observó con curiosidad la figura envuelta en la capucha. Sus ojos se iluminaron al notar el destello de la joya en manos de Kael. La codicia brilló momentáneamente en su mirada antes de ofrecerle una sonrisa falsa.
—¿En qué puedo ayudarte, forastero? — Preguntó el hombre, intentando ocultar su entusiasmo. —Tengo una amplia variedad de productos frescos y de calidad.
Kael se quitó la capucha, revelando una alborotada cabellera rubia platinada, así como una mirada cautelosa y decidida. —Necesito provisiones para una semana, —respondió en voz baja, asegurándose de que nadie los escuchara. —Y estoy dispuesto a intercambiar este anillo de oro por ellas. —Miró fijamente al hombre a los ojos.
Los ojos del dueño del puesto se abrieron como platos al observar la joya que Kael sostenía entre sus dedos. Era un anillo adornado con valiosas gemas incrustadas en oro macizo. Su corazón latió más rápido, incapaz de resistir la tentación que se le presentaba. Aunque su moral luchaba con la codicia, el deseo de adquirir tal riqueza le hizo tomar una decisión rápidamente.
—Acepto tu oferta, —dijo el hombre, arrebatando el anillo de la mano de Kael y observándolo con avidez. —Puedes llevarte todo lo que necesites.
Kael asintió y comenzó a seleccionar cuidadosamente los alimentos que le serían útiles durante su huida. Mientras lo hacía, notó cómo los ojos del dueño del puesto no se apartaban de las valiosas gemas del anillo. Una sensación de desconfianza lo invadió, pero no tuvo más opción que confiar en que el hombre cumpliera su parte del trato. Una vez completada la selección de los víveres, Kael se despidió con un gesto de agradecimiento y se volvió a cubrir con la capucha antes de abandonar el puesto. Podía sentir la mirada codiciosa del dueño del puesto clavada en su espalda mientras se alejaba.
Con las provisiones en su caballo, Kael se dirigió de nuevo hacia el camino que lo llevaría lejos de allí. El corazón acelerado, sabía que cada minuto que pasaba incrementaba el peligro de ser atrapado por su propio padre. Debía mantenerse oculto y continuar su huida si quería tener alguna posibilidad de reunirse con su amada, la única mujer que había logrado conquistar su corazón. Debía ser astuto y hábil, necesitaba cumplir la promesa que se hizo a si mismo, proteger a Shine y enseñarle el camino de la libertad.
El príncipe, con el corazón lleno de alegría y anhelo, emprendió su viaje de regreso a la cabaña. Atravesó el bosque maldito sin problemas, sintiendo cómo la preocupación se disipaba con cada paso que daba. Con cada hoja crujiente bajo sus botas, el bosque parecía suspirar aliviado a su paso. Podía sentir la magia fluir en cada espacio del bosque y como se complementaba tan bien con la propia.
Finalmente, alcanzó la cabaña y descendió de su fiel corcel con las bolsas llenas de alimento. Al abrir la puerta, su mirada se detuvo en el interior, sorprendido por la escena que se presentaba ante sus ojos. La cabaña estaba impecablemente limpia, cada rincón bañado en luz y con un suave aroma a flores que inundaba el aire. Un suspiro de alivio escapó de sus labios mientras dejaba las bolsas en el suelo, incapaz de contener su asombro.
Y entonces, en ese mismo instante, una figura conocida y amada apareció ante él. Era Shine, la luz de su vida, quien le esperaba con los brazos abiertos. Con una sonrisa radiante, corrió hacia él, ayudándole a llevar las bolsas mientras su emoción le impedía mantenerse quieta. —Tardaste bastante, comenzaba a sentirme inquieta. —Acomodó las bolsas sobre la mesa, deleitándose con el aroma de las frutas.
Sin mediar palabra, el corazón de Kael se llenó de amor y felicidad mientras Shine se acercaba a él, besando sus labios una y otra vez como si no pudiera contener la emoción que le embargaba. Cada beso era una promesa, un recordatorio de cuánto se habían extrañado y cuánto significaban el uno para el otro. Él simplemente se dejó querer mientras rodeaba la estrecha cintura de la pelirroja con sus fuertes brazos.
Abrazados en medio de la cabaña, el aroma a flores y el amor que los envolvía formaban una sinfonía perfecta. Sus labios se encontraron una vez más, sellando su amor y compromiso el uno al otro, mientras el mundo exterior desaparecía. En ese momento, Kael supo que estaba en casa. Con Shine a su lado, todo estaba completo. Juntos, enfrentarían todos los desafíos que la vida les deparara, siempre encontrando refugio y amor mutuo en los brazos del otro. Ahora por primera vez lograba entender el concepto de hogar y familia.
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En los reinos aliados, los guardias reales se apresuraban a difundir la noticia de la cacería organizada por el rey Frederick. El rumor se esparció rápidamente entre la nobleza y el pueblo, generando un revuelo inusual en los pasillos del castillo y en las calles de cada reino.
El rey había ofrecido una gran suma de dinero a quienes lograran capturar con vida al príncipe Kael y a su amante, Shine. Esta oferta económica, difícil de ignorar, fue el incentivo perfecto para movilizar a las tropas aliadas en busca de la pareja fugitiva.
En el corazón del bosque maldito, en la modesta cabaña donde Kael y Shine se encontraban refugiados, las noticias comenzaron a llegar a sus oídos, el jefe de escuadrón, el más fiel aliado del príncipe aprovechó el revuelvo para visitarlo en aquel sitio, conocía demasiado bien a Kael por lo que le resultaba predecible. La visita fue corta, el hombre solo buscaba contar las nuevas noticias, posteriormente abandonó el bosque y volvió con sus tropas. Como si de un eco lejano se tratara, sus corazones latieron con fuerza al entender la gravedad de la situación. Pero juntos, compartían la certeza de que no podían permitir que nada ni nadie los separara.
—El rey no se detendrá hasta capturarnos Kael. —El rostro de la joven demostraba preocupación y un apice de ansiedad. —Debemos de hacer algo, necesitamos idear un plan...
—Lo sé, a él no le gusta perder y hará lo que sea con tal de someternos... —Caminaba de un lado a otro pensando en una manera de salir bien librados.
—Tengo miedo Kael... No quiere que algo vaya a pasarte... —Los ojos de la pelirroja se llenaron de lágrimas y una intensa angustia comenzaba a azotarla.
—Estaré bien, estaremos bien, sin importar que deba hacer para mantenerte a salvo. —Acunó las mejillas de la chica entre sus grandes manos y la obligó a mirarlo fijamente a los ojos. —No importa que deba hacer Shine, ni a quién deba sacrificar con tal de tenerte a salvo.
El ambiente estaba cargado de tensión y emociones que no podían ser expresadas mediante palabras. Kael se encontraba de pie frente a Shine, esperando una respuesta que no llegaba. Frustrado, pero sin perder la esperanza, intentó acercarse a ella para mostrarle sus sentimientos de la única manera que parecía posible.
Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una palabra más, Shine rompió la barrera y, completamente cargada de emoción, cortó la distancia entre ambos y lo besó con intensidad. Fue un beso tan rudo como apasionado, uno que transmitía toda la pasión contenida en su corazón.
Los labios de la pelirroja temblaban mientras el fuego de la pasión los envolvía a ambos. Cada caricia y cada mordisco eran señales claras de su deseo mutuo. La sensación era tan abrumadora que la pelirroja se deshacía de gusto al sentir cómo la dominaba en ese momento.
La ropa comenzaba a estorbar, como si fuera una barrera que les impedía entregarse completamente el uno al otro. Sin pensarlo dos veces, ambos se liberaron de todas las prendas hasta quedar completamente desnudos, desnudando también sus almas y entregándose en cuerpo y espíritu.
El aire se llenó de gemidos y susurros llenos de placer, mientras sus cuerpos se entrelazaban en una danza ardiente y desenfrenada. La noche se convirtió en un testigo silencioso de su pasión desbordante, y los suspiros se mezclaron en el aire con el aroma del deseo en su máxima expresión.
Fue un momento de entrega total, en el que el tiempo parecía detenerse y solo existían ellos dos. Dos almas que se buscaban y se encontraban en cada movimiento, en cada beso robado y en cada caricia desesperada.
Y así, en ese abrazo eterno, Kael y Shine se perdieron en el éxtasis del amor y se fundieron en una única entidad, Al menos durante esas horas solo eran ellos dos, ya abría tiempo a la mañana de siguiente para idear un plan viable.