Shine abrió lentamente los ojos, en un comienzo le costó adaptar la vista a tanta luz. Cuando finalmente pudo abrirlos sin sentir dolor notó que estaba en un elegante y luminoso cuarto. Era amplio, con inmensos ventanales y dentro había todo lo necesario para su comodidad. ¿Donde estaba? Lo último que recordaba era que habían herido a Kael y que habían sido vencidos. Al recordar a su amado se levantó bruscamente de la cama y sus piernas no respondieron, por lo que cayó estrepitosamente al piso.
—¡Maldición! —Se quejó bajito y golpeó el suelo con sus puños completamente frustrada.
Se arrastró hacia una silla cercana y se apoyó en ella, tratando de recuperar el equilibrio y entender su situación. Entonces, una puerta se abrió suavemente y una figura masculina entró en la habitación. Shine levantó la mirada y se encontró con los ojos color rojizos de Kael, su príncipe, su héroe, su amado.
—¡Kael, mi amor! ¿Dónde estamos? ¿Qué ha pasado? —Preguntó ella, tratando de contener las lágrimas de alivio y preocupación que inundaban sus ojos.
Kael se acercó rápidamente a ella y se arrodilló en el suelo, tomando sus manos entre las suyas.
—Tranquila, Shine. Estamos a salvo. Theodore nos venció y nos entregó a mi padre. Estamos en el reino del este, pero mi padre a decidido perdonar nuestra falta. En la batalla que enfrentamos sufriciste al parecer una fuerte conmoción y necesitas descansar. Estamos en el castillo de mi familia, en el ala perteneciente a la realeza. Estarás segura aquí. —Omitió explicarle que Frederick les perdonó la vida a cambio de obedecerle en todo, pero por matener a salvo a la pelirroja haría lo que fuera necesario.
Un suspiro de alivio escapó de los labios de Shine mientras dejaba que las palabras de Kael se hundieran en su corazón. La preocupación y la confusión comenzaron a disiparse lentamente, dejando espacio para la esperanza y el amor que sentía por él.
Kael la ayudó a levantarse delicadamente del suelo y la llevó de regreso a la cama, acostándola con cuidado. Ver sus ojos llenos de ternura y protección hizo que el corazón de Shine se acelerara. Era increíble cómo él siempre estaba ahí para ella, dispuesto a arriesgarlo todo por su seguridad.
—Me asusté tanto cuando te vi herido, Kael. Pensé que te había perdido para siempre —murmuró ella, dejando que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas.
Kael se inclinó y atrapó una de sus lágrimas con el pulgar, acariciando suavemente su rostro. —Nunca te perderé, Shine. Eres mi razón de ser y haré todo lo posible para protegerte. Nunca volveré a permitir que te hagan daño, aún si debo perderme a mi mismo en el proceso.
En ese momento, Shine supo que estaba en el lugar correcto. A pesar de las adversidades que habían enfrentado, el amor que compartían seguía intacto y más fuerte que nunca. La habitación lujosa y luminosa se volvió el símbolo de su amor y de la esperanza que tenían para un futuro juntos.
Se acurrucaron juntos en la cama, permitiéndose sentir la presencia y el calor mutuo. El mundo exterior quedó en suspenso mientras intercambiaban dulces promesas y caricias. En ese momento, Shine se dio cuenta de que no importaba dónde estuvieran o qué desafíos enfrentaran, siempre se tendrían el uno al otro para encontrar la luz en la oscuridad, para sanarse y para amarse incondicionalmente. Juntos, eran invencibles.
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Sasha, la reina, se paseaba furiosa de un lado al otro de la sala del trono, agitando su vestido de seda con cada paso, mientras el viejo curandero observaba con fastidio. Sus manos arrugadas sostenían un frasco de hierbas, pero su mirada estaba clavada en la reina.
El aire estaba cargado de tensión y descontento, y la reina no podía ocultar su ira. Su rostro se encontraba enrojecido y sus ojos lanzaban destellos de furia cada vez que mencionaba al príncipe Kael y a la intrépida Shine.
—¡No puedo creer que Frederick haya perdonado a esos traidores! —Exclamó Sasha en un tono agrio y amenazador. —¡Son despreciables! ¡Una zorra y un insensato príncipe que solo causarán problemas en nuestro reino!
El curandero suspiró, intentando mantener la compostura mientras observaba a la reina desahogarse en su frustración. Sabía que Sasha estaba acostumbrada a tener control absoluto sobre el reino y que cualquier desviación de su voluntad era motivo suficiente para desatar su furia. Pese mala gran autoridad que el rey le dió, estaba más que claro que jamás podría pasar sobre él.
—Sasha, mi querida reina, —dijo el anciano en un tono calmado pero firme. —Entiendo tu disgusto y preocupación. Pero el rey Frederick es sabio y ha tomado esta decisión con un propósito mayor. Quizás ve algo en esos jóvenes que nosotros desconocemos. El rey es ambicioso y esos dos joven tienen más poder que un ejército entero, es evidente que los utilizará para conquistar nuevos territorios.
La reina se detuvo abruptamente en su frenético paseo, se giró hacia el curandero y lo observó con indignación.
—¡No me importa lo que vea! ¡Son un peligro para nuestro reino! —Exclamó, apretando los puños con fuerza. —El príncipe Kael me humilló públicamente cuando era una concubina y Shine siempre ha sido una intrusa. ¡No puedo dejar que esto pase sin consecuencias! ¡Esa zorra me las pagará!
El curandero se levantó de su asiento, caminando con lentitud hacia la reina. Sus ojos sabios y compasivos la miraron con calma, buscando encontrar una fisura en la armadura de su ira. —Sasha, querida, entiendo que tengas tus propias razones para sentirte así, — pronunció, emitiendo cada palabra con suavidad. —Pero debes recordar que vivimos en un mundo de segundas oportunidades y redención. El rey Frederick ha decidido perdonarlos y puede que haya una razón valiosa detrás de ello. Tal vez deberías intentar abrir tu corazón y darles una oportunidad. Al menos, se inteligente y finge...
La reina miró al anciano, sus ojos llenos de duda y conflicto. Por un momento, consideró las palabras del curandero como una posibilidad. Pero su orgullo y su enojo prevalecieron, y con determinación, sacudió la cabeza.
—No, curandero, no puedo permitirme ser débil, —afirmó Sasha con voz firme. —El príncipe Kael y Shine pagarán por sus acciones. Haré todo lo necesario para asegurarme de eso.
—Sabe que la ayudaré en todo su majestad. ¿Qué tiene en mente? —Frotó sus arrugadas manos.
—Haremos que la presión social sea tan grande que Frederick se verá obligado a encerrarlos, o bien, a asesinarlos. —Lleva un mechón de su oscuro cabello tras la oreja.
—Necesito que mañana por la noche me lleves con el hechicero Theodore.
—Por supuesto, mi reina.
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El ambiente en el castillo era de gala, mientras Kael y Shine se paseaban elegantemente por los pasillos, escoltados por dos imponentes guardias. Vestidos con sus mejores ropas, sentían el peso de la ocasión especial que les aguardaba en el comedor.
La mano de Kael entrelazada con la de Shine transmitía una calma reconfortante. Sabían que debían enfrentar la mirada escrutadora de aquellos que los rodeaban, pero juntos eran más fuertes. Brillaban con la confianza de su amor. Shine debía mentalizarse que dentro de poco estaría frente al rey, quién abusó de ella en reiteradas ocasiones, de solo recordar se le revolvía el estómago.
Al adentrarse al majestuoso salón, el silencio cayó como una manta sobre todos los presentes. Cada par de ojos se dirigía hacia Shine, observándola como si fuera un ser extraño. Pero ella no dejó que la presión la abrumara, mantuvo la cabeza en alto, apoyada en el brazo de Kael. El par se acercó al lugar que el rey Frederick y la reina Sasha habían reservado para ellos. El brillo de las luces y los suaves murmullos de los invitados creaban un ambiente mágico.
Con voz potente y segura, el rey invitó a Kael y Shine a sentarse junto a él. Alzó su copa y dirigió la atención de todos hacia la pareja que estaba a punto de cambiar sus destinos. —Queridos miembros de nuestro amado reino, hoy nos reunimos aquí para celebrar un gran acontecimiento, —comenzó el rey con solemnidad. —Anuncio públicamente la unión de mi hijo, el príncipe Kael, con la encantadora y valiente Shine, una hechicera sin igual.
Un coro de aplausos y vítores resonó en el salón. Una ola de felicidad y emoción inundó el ambiente. Shine sintió un nudo en su garganta mientras escuchaba el anuncio. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar para siempre, pero confiaba en el amor que compartía con Kael. Sin embargo, que Frederick dijera tales palabras le provocaba escalofríos. Ese hombre era malvado y siniestro, jamás confiaría en alguien como él.
La reina Sasha, con una sonrisa cálida en su rostro, se acercó a Shine y estrechó sus manos. —Bienvenida a nuestra familia, Shine. Eres un rayo de luz en la vida de nuestro amado príncipe, y estoy segura de que juntos serán capaces de escribir una historia de amor eterno. —Las palabras de la reina eran falsas, cargadas de burla y malicia.
Las palabras de la reina hicieron que Shine se sintiera inmensamente asqueada, sin embargo, se esforzó por esbozar una pequeña sonrisa. Los miedos y nervios se disiparon poco a poco, dejando espacio para la repugnancia ante tanta hipocresía y falsedad.
La velada continuó con un gran banquete en honor a la pareja donde los asistentes expresaron sus buenos deseos y se brindaron por el amor que había unido a Kael y Shine. En medio de aquel festín, ambos supieron que estaban dando inicio a una nueva etapa de sus vidas juntos, llena de aventuras y desafíos que nunca habían imaginado. Pero, sobre todo, una vida en la que su amor era más fuerte que cualquier obstáculo, por que ambos sabían, que tras de tanta amabilidad había un deseo o interés oculto.