Para Shine todo se había tornado tan ajeno e irreal. La actitud del rey Frederick para con ellos había cambiado drásticamente. ¿Acaso el hombre le tenía miedo? Le resultaba irónico y bastante bizarro que así fuera, lo poco que conocía al rey le bastaba para saber que no era un hombre que sintiera miedo. Había algo más tras todo ese asunto. No era tan ingenua para creer que Frederick los perdonaría por nada, algo quería y a medida que pensaba en diversas teorías un mal estar de acentuaba en su pecho.
Shine sintió un fuerte golpe en la puerta de su habitación, lo que la hizo sobresaltar sacándola de su línea de turbulentos pensamientos. Intrigada, se acercó y, con cuidado, abrió la puerta lentamente. Para su sorpresa, se encontró cara a cara con uno de los temidos guardias reales del castillo. ¿Ahora que mierda querían? Estaba agotada, realmente lo estaba, ya ha la perdido la cuenta la cantidad de pruebas a las que había sido sometida para estudiar su núcleo mágico.
El hombre la miró con fiereza, sus ojos oscuros parecían atravesar su alma. Una mueca de desprecio se dibujó en su rostro, como si no pudiera soportar su presencia. Sin embargo, en lugar de mostrar miedo o intimidación, Shine esbozó una sonrisa burlona en respuesta. Estaba cansada de agachar la cabeza, ya no deseaba seguir siendo sometida y humillada, ya bastante había vivido de tal modo. Kael le había enseñado a amarse, a aceptarse tal cual era y poco importaba como el resto pudiera verla.
El guardia apretó los puños con fuerza, sintiendo cómo la ira se apoderaba de él al ver que no podía hacer desaparecer esa sonrisa desafiante de su rostro, tan solo deseaba estampar su mano con rudeza en la pálida mejilla de la joven y enseñarle cómo respetar a un hombro, mas tuvo que tragar su rabia. Con una voz ronca, le indicó que el rey la esperaba en la cámara real y que tenía que acompañarla.
Sin desviar la mirada del guardia, Shine asintió con soberbia y salió de la habitación. El hombre la siguió de cerca, no queriendo perder de vista a la joven que parecía desafiar a todo el mundo con su actitud altiva. Caminaron por los pasillos del castillo en silencio, bajo la atenta mirada de los demás guardias que les observaban con curiosidad. Shine se sentía victoriosa, sabiendo que su actitud había afectado al guardia real. Sin embargo, no podía evitar preguntarse qué le esperaba en la cámara real y por qué el rey la había mandado a llamar. Un mal presentimiento se acentuó en su pecho.
Al llegar a la cámara real, la puerta se abrió de par en par, revelando un majestuoso salón con grandes cortinas de terciopelo y un trono dorado en el centro. Shine entró con confianza, seguida de cerca por el guardia. Dentro estaban los ministros, los consejeros reales, los hechiceros y Kael. Observó a cada persona con excesiva atención, como escudriñando a cada hombre con la mirada. Shine podía sentir la magia cosquillear en la punta de sus dedos, fuerte, cálida y poderosa. De pronto, se topó con los ojos rojizos de Kael y una simple mirada del príncipe bastó para que ella bajara la guardia y se calmara.
El majestuoso salón del castillo real estaba repleto de nobles y cortesanos, todos vestidos con sus mejores atuendos y ansiosos por escuchar las palabras del rey Frederick. El rumor de la noticia había corrido como pólvora por todo el reino, creando una expectativa tan palpable que se podía cortar en el aire. El rey Frederick, imponente y regio, se alzó en su trono dorado frente a la multitud. Su mirada franca y severa recorrió a todos los presentes, dejando claro el motivo de su convocatoria.
—Queridos súbditos, —comenzó el monarca con voz firme, —hoy me llena de orgullo y esperanza anunciarles que nuestra amada Shine, prometida del príncipe Kael, se unirá oficialmente a nuestro ejército real. —Un murmullo se extendió por la sala, sorprendiendo a todos los presentes.
El príncipe Kael, que se encontraba a un lado del rey, y Shine, quien estaba justo a su lado, intercambiaron miradas de sorpresa y confusión. Pero en un instante, el entendimiento iluminó sus ojos, comprendiendo el verdadero motivo de aquel permiso real.
Las palabras del rey Frederick continuaron llenando el salón. —El destino ha demostrado que la unión de estos dos corazones ha generado un poderoso vínculo, una fuerza que podría ser nuestra mayor arma en tiempos de guerra. —Los presentes se estremecieron ante tal revelación. El rumor del poder de aquella joven se expandió como la pólvora por todos los países.
Kael y Shine, ahora conscientes del verdadero propósito detrás de todas las concesiones y favores que habían recibido, se tomaron de la mano, encontrando consuelo y complicidad en ese gesto. Aunque la responsabilidad recaía sobre ellos de una forma inesperada, estaba claro que no estaban solos en aquella carga.
El rey Frederick, emocionado, les brindó una sonrisa cargada de esperanza. —Los nombro líderes de nuestras tropas, juntos guiarán a nuestro ejército en la lucha contra las fuerzas que amenazan nuestras tierras. Vuestra valía, coraje y amor serán nuestras mejores armas. —Culminó con esas palabras su patético discurso mientras la ambición se reflejaba en sus ojos oscuros.
Una mezcla de emociones recorrió a la pareja en aquel momento. Mientras una parte de ellos se sentía honrada por la confianza depositada por el rey y el privilegio de luchar por su reino, otra parte anhelaba una vida tranquila y apacible juntos, lejos del conflicto y la guerra. Después de todo eran solo dos jóvenes de no más de dieciocho años, que estaban siendo utilizados para satisfacer la ambición de un hombre despiadado y ruin como lo era Frederick.
Pero ambos sabían, en el fondo de sus corazones, que su amor era más fuerte que cualquier desafío que pudieran enfrentar. Juntos, caminarían por el sendero de la incertidumbre, convertidos en una fuerza invencible para el reino y para ellos mismos. Por que Shine no le tenía devoción a Frederick o su reino, su lealtad y devoción estaba con Kael, por él estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario, aún si tuviese que ir en contra de sus propios principios.
—Desde mañana, Shine participara de un arduo entrenamiento que será impartido por el príncipe Kael en persona, nadie mejor que él para enseñarle a controlar su magnífico poder. —La pelirroja sin muchas alternativas asintió, al menos sería Kael quién la entrenará y no otra persona. —Esta noche realizaremos la iniciación. A la media noche iniciaremos la ceremonia en las profundidades del bosque sagrado.
Ante las palabras del rey todos asintieron, el que la joven se iniciara los hacia sentir mucho más tranquilos. El discurso culminó con aplausos y poco a poco se fueron marchando de la cámara real. Shine notó que Kael estaba callado y serio, cosa que no era habitual en él. Antes de abandonar la cámara real, el rey volvió a hablar.
—Recuerda lo que hablamos, hijo. —La voz de Frederick era ruda y hostil. Kael solo asintió desganado y abandonó la cámara real, seguido de cerca por Shine.
Shine sentía cómo su corazón latía desbocado mientras caminaba a toda prisa tras Kael, tratando desesperadamente de alcanzarlo. Después de la reunión con el rey Frederick, él no había esperado por ella y no entendía qué estaba sucediendo, por qué de repente su actitud había cambiado. Sin embargo, no iba a dejar que se alejara sin respuestas. Él era su todo, el eje de su maldito universo y no permitiría que se alejara de ella, no sin una buena explicación.
Finalmente, logró alcanzarlo justo antes de que entrara a su habitación. Sin embargo, en lugar de detenerse a escucharla, el príncipe la tomó bruscamente de ambos brazos y la empujó con rudeza hacia dentro de su habitación, haciendo que su espalda chocara violentamente contra la pared. Shine, perpleja y aturdida, lo observó mientras las lágrimas brotaban de los ojos de Kael y verlo tan vulnerable le estaba destrozando el corazón.
Entre sollozos y desesperación, él le suplicó que huyera, que no llevara a cabo la maldita iniciación. Le aseguró que él la cubriría, que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa para que ella fuera feliz lejos de todo esto. Aquellas palabras llenas de angustia resonaron en los oídos de Shine, confundiendo aún más su corazón.
Ella miró fijamente a los ojos de Kael, buscando respuestas en medio de aquel caos emocional. A pesar de la rudeza con la que había sido tratada, podía ver el dolor y la desesperación en sus ojos, lo cual solo aumentaba su confusión y preocupación.
—No entiendo, Kael, —susurró Shine con voz temblorosa. —¿Por qué repentinamente quieres que huya? ¿Qué está pasando? Por favor, explícame. Mejor que nadie sabe que no hay donde huir, ya lo intentamos y fallamos...
Kael la contempló por un instante, sus ojos llenos de una mezcla de amor, tristeza y determinación. Tomó sus manos entre las suyas, buscando transmitirle su desgarrador conflicto interior. —Shine, te amo, —dijo Kael con voz quebrada. —Pero si haces la iniciación, todo cambiará. No podré protegerte como quisiera. No puedo soportar la idea de verte sufrir por mí... No tienes idea a los horrores que serás sometida...
Las lágrimas continuaban escapando de los ojos de Shine, mientras luchaba por entender las palabras de Kael. Su mente estaba llena de preguntas y miedos, pero también estaba segura de que el amor que sentían el uno por el otro era fuerte y verdadero, ella no podía abandonarlo.
—No voy a huir, Kael, —respondió Shine con voz suave pero firme. —No importa lo que suceda, quiero enfrentar todo junto a ti. No podré ser feliz lejos de ti. Si hay algo que ambos debemos afrontar, entonces lo haremos juntos. Estoy dispuesta a todo por ti, Kael.
Kael soltó un sollozo, abrumado por las emociones. Entonces, con una mezcla de alivio y tristeza, envolvió a Shine en un abrazo lleno de ternura. Ambos sabían que el camino por delante no sería fácil, pero estaban decididos a enfrentarlo unidos, sin importar las consecuencias. Ambos estaban completamente dispuestos a sacrificarse por el otro.