Capítulo 17

1477 Palabras
El bosque se encontraba sumido en una profunda oscuridad, solo iluminada por la luz tenue de las estrellas y la luna llena que brillaba en lo alto del cielo. Kael caminaba a paso decidido, sin soltar la mano de Shine ni un instante. Mientras atravesaban los árboles frondosos y enmarañados, los susurros del viento se entrelazaban con el suave crujir de las hojas bajo sus pies. Los latidos del corazón de Shine se aceleraban, contagiados por la inquietud y la expectativa de lo que estaba por venir. Cuando finalmente llegaron al claro del bosque, se encontraron rodeados por una pequeña multitud de personas llevando máscaras exquisitamente adornadas y vestidos elegantes. Todos parecían expectantes, expectantes de la noche mágica que estaba a punto de comenzar. Kael se detuvo frente al altar, donde un anciano con una larga túnica esperaba. Shine notó que Kael parecía aún más nervioso mientras miraba a su alrededor, pero también había frustración en su mirada. Él deseaba protegerla, pero sentía que no lo estaba logrando. No deseaba que fuera marcada, no deseaba que fuera manchada con las inmundicias de su padre, mucho menos con la oscuridad de este. Sin decir una palabra, Shine alzó su mano y quitó la máscara del rostro de Kael, revelando sus ojos brillantes, tan rojizos, tan puros y llenos de emociones, tan llenos de amor y temor a la vez. Ella le sonrió, intentando transmitirle calma y fuerza en aquel gesto simple, pero significativo. —Todo estará bien, Kael... —Esbozó una pequeña sonrisa. —Juntos hasta el final, ¿lo recuerdas? —Lo recuerdo... —Cerró sus ojos con cansancio ante las caricias de la mujer. —Aun estás a tiempo de arrepentirte Shine, aún puedo hacer todo lo necesario para sacarte de aquí... —Susurró bajito. —Arrepentirme en este momento sería como retractarme de lo nuestro y eso jamás pasará. —Se inclinó hacia adelante dejando un suave beso sobre los labios del príncipe. El anciano les dio un gesto, animándolos a unirse frente al altar. Con manos temblorosas pero entrelazadas, Kael y Shine dieron un paso al frente. Las palabras ceremoniales resonaron en el aire mientras el anciano pronunciaba las bendiciones y las promesas que sellarían la iniciación de la joven. Frederick tomó el mando y comenzó a dirigir la ceremonia. Las miradas entre ellos transmitían todo lo que las palabras no podían expresar: el amor, la confianza y la promesa de estar uno al lado del otro en los momentos buenos y en los malos. El claro se llenó entonces de un aura mágica, como si el universo entero se alineara para celebrar su amor. Shine quedó petrificada ante el macabro espectáculo que se desarrollaba frente a ella. Dos hombres cuyas miradas reflejaban la crueldad más despiadada arrastraban a un prisionero hacia una imponente piedra. El rey Frederick, con una expresión de soberbia en su rostro, les ordenaba que lo acomodaran sobre la superficie e inmediatamente, los hechiceros presentes lo inmovilizaron con su poderosa magia. El corazón de la pelirroja latía desbocado mientras su mano apretaba con fuerza la de Kael, quien se encontraba temblando de nerviosismo. Sabía que algo terrible estaba a punto de ocurrir y cada fibra de su ser se resistía a presenciar tal horror. Pero no podían marcharse, estaban atrapados en aquel lugar, una vez más, a merced del rey y su impío ritual. Frederick, sin titubear, mandó llamar a su hijo, quien obedeció sin poder negarse a las órdenes de su padre. Con pasos lentos y vacilantes, Kael se acercó a la zona designada para el sacrificio. En ese instante, el tiempo pareció detenerse para Shine, y sus ojos captaron cada detalle como si estuviera viendo en cámara lenta. Vio cómo su amado se ajustaba la máscara, ocultando la angustia en su rostro, y con una frialdad inhumana, acabó con la vida del prisionero, provocándole un corte mortal en la garganta. El estupor se apoderó de Shine al presenciar semejante acto de violencia. Su cuerpo quedó inmóvil, incapaz de procesar la atrocidad que había ocurrido frente a sus ojos. Sin percatarse, dos soldados se aproximaron a ella y la obligaron a arrodillarse frente al desalmado rey. Frederick, con una expresión sádica y complaciente, derramó la sangre del prisionero sobre la cabeza de la joven, mientras ella luchaba desesperadamente por contener el asco y las náuseas que amenazaban con hacerla vomitar. En ese momento, Shine supo que sus días de sumisión habían llegado a su fin. Un sentimiento de rebeldía y furia se apoderó de ella, y un juramento de venganza se formó en lo más profundo de su ser. Ya no sería una mera espectadora indefensa, estaba dispuesta a luchar contra la opresión y crueldad de aquel reino, incluso si eso significaba enfrentarse al propio rey. Pudo ver en los ojos de Kael el arrepentimiento, el dolor, la impotencia y la vergüenza. Él estaba sufriendo, no le gustaba ser utilizado para un acto tan ruin, sin embargo, no tenía muchas opciones y Shine pudo comprenderlo. Aún así todo su cuerpo temblaba y las naucias comenzaban a volverla loca. La ceremonia culminó, Kael tomó su mano en completo silencio y volvieron al castillo, separándose sin siquiera decirse adiós. Desde ese día algo invisible se quebró, algo que Shine no fue capaz de ver. ••• Kael y Shine se encontraban en una sala de entrenamiento amplia y luminosa. El aire estaba cargado de energía mágica, lista para ser canalizada y utilizada en cada hechizo. Kael, con paciencia y determinación, se dispuso a guiar a Shine en el difícil camino del dominio de su magia. —Bienvenida al primer día de tu entrenamiento, Shine —dijo Kael con una sonrisa cálida en su rostro. —Hoy vamos a empezar con los fundamentos, los cimientos sobre los cuales construirás tu magia. Shine asintió con emoción contenida, sabiendo que estaba a punto de embarcarse en un viaje lleno de descubrimiento y autodescubrimiento. Confiaba en Kael, confiaba en él más que en si misma y sin importar qué, ella le creería y lo seguiría hasta el fin del mundo de ser preciso. Kael se acercó a Shine, tomó suavemente sus manos entre las suyas y cerró los ojos, concentrándose en la conexión mágica entre ambos. Los latidos de sus corazones parecían fusionarse, compartiendo el mismo ritmo. Las magias de ambos eran tan distintas, luz y oscuridad, aún así se complementaban a la perfección. —Respira profundo, Shine. Siente el flujo de energía que te rodea, fluyendo a través de ti y nutriendo tu esencia mágica —susurró Kael, mientras transmitía su propia energía hacia la joven aprendiz. Shine siguió las indicaciones, inhalando el aire y dejándolo salir lentamente, sintiendo cómo el poder mágico la envolvía. Un cosquilleo recorrió su cuerpo, despertando un fuego interior que desconocía. Kael liberó las manos de Shine y dio un paso atrás, permitiéndole tomar el control de su propia magia. —Ahora, quiero que te concentres en canalizar esa energía a través de tus manos. Siente cómo fluye, cómo se convierte en una extensión de tu ser —instruyó Kael, mientras observaba con orgullo cómo Shine seguía sus indicaciones al pie de la letra. Shine cerró los ojos, buscando en su interior la esencia mágica que ahora latía con fuerza en su ser. Concentrada, extendió sus manos hacia delante, sintiendo el suave cosquilleo y el calor que emanaba de ellas. Lentamente, una pequeña esfera de luz comenzó a formarse ante sus ojos. Kael sonrió ampliamente al presenciar este primer logro de Shine. Sabía que su aprendiz era especial, que su poder era inmenso y solo necesitaba ser pulido. —¡Eso es, Shine! Estás haciendo un excelente trabajo —exclamó Kael, lleno de satisfacción. —Ahora que has aprendido a canalizar la energía, podemos empezar a explorar los diferentes tipos de hechizos. Durante las siguientes semanas, Kael enseñó a Shine los hechizos defensivos, permitiéndole crear barreras mágicas que protegían su cuerpo de los ataques enemigos. Luego, aprendió los hechizos de ataque, controlando las llamas y manipulando la fuerza del viento. Por último, Kael compartió con ella su conocimiento sobre los hechizos curativos, permitiéndole sanar heridas y aliviar el dolor. Shine demostró un talento innato, superando todas las expectativas de su mentor. Cada hechizo que Kael le enseñaba, ella lo perfeccionaba en poco tiempo, demostrando un control y dominio impresionantes. Con el paso de los días, la conexión mágica entre Kael y Shine creció más fuerte, sus magias se volvieron una sola. Ambos se volvieron cómplices en este camino de aprendizaje, encontrándose en un vínculo mágico que iba más allá de las palabras. Kael la amaba, la amaba más que a nada en el mundo. Shine lo amaba, y estaba dispuesta a morir por él sin siquiera pestañear. Ambos se amaban, pero a veces, en un mundo tan podrido como en el que vivían el amor no era suficiente.
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