Capítulo 10

2281 Palabras
Era la última noche en la posada. Shine y Kael se encontraban sentados en una rústica mesa de madera, iluminados por el cálido resplandor de una vela. Los murmullos de los demás huéspedes resonaban en el ambiente, pero su atención estaba completamente centrada el uno en el otro. Shine jugueteaba con su cabello cobrizo, ocultando una sonrisa cómplice mientras observaba a Kael. Este, a su vez, no podía apartar la mirada de su compañera, cautivado por su belleza tanto en la apariencia como en el espíritu. Aún con su disparejo cabello corto, seguía luciendo tan atractiva como cuando llevaba su cabello largo. —Estamos quedándonos sin opciones, Kael —susurró Shine con un deje de preocupación en su voz. —Si no encontramos una solución pronto, nos quedaremos sin dinero y no podremos seguir adelante. Kael apretó los puños bajo la mesa, sintiendo una mezcla de irritación y desesperación. No estaba dispuesto a permitir que Shine pasara dificultades, pues había jurado protegerla en cada etapa de su travesía. —No permitiré que sufras, Shine. Encontraré la manera de conseguir dinero sin poner en peligro nuestras identidades —aseguró Kael con determinación, mirándola fijamente a los ojos de la joven pelirroja. Shine le sonrió con gratitud, apreciando el esmero de Kael por protegerla. Sabía que había encontrado a un verdadero compañero en él, alguien que estaría allí sin importar las circunstancias. —Confío en ti, Kael —susurró Shine, acercando su mano a la de él sobre la mesa. Acariciando aumente con las yemas de sus dedos el dorso de esta. El contacto de sus manos fue como una chispa eléctrica que recorrió sus cuerpos, despertando una marea de emociones en ambos. Kael sintió su corazón latir con fuerza mientras su mirada se perdía en los ojos azules de Shine. En ese momento, un susurro se adentró en sus oídos. El tabernero les informó que habían estado causando revuelo en el pueblo, generando curiosidad y preguntas incómodas. Tenían que continuar su camino al amanecer si querían evitar problemas. La pareja intercambió miradas llenas de complicidad, sabiendo que debían partir juntos hacia lo desconocido. Aunque su estadía en aquel lugar había sido breve, habían forjado un vínculo especial que los uniría en cada paso que dieran. Con el peso de la responsabilidad en sus hombros, Shine y Kael se levantaron de la mesa, dispuestos a enfrentar los retos que el mañana les deparaba. Aunque el futuro era incierto, sabían que juntos serían capaces de superar cualquier obstáculo y alcanzar la libertad que tanto anhelaban. Los obstáculos no lograrían detenerlos, no ahora, no después de tanto. Así, se dirigieron a su habitación en silencio, preparando sus pertenencias mientras el suspiro de la noche los envolvía. Al amanecer, con la promesa de un nuevo día, partirían una vez más, llevando consigo el amor que habían encontrado en el lugar más insospechado. Pero ahora aprovecharían la noche en compañía del otro. El suave susurro de la música de fondo, proveniente del exterior se filtraba por la habitación, creando una atmósfera íntima y cautivadora. Kael, con el corazón latiendo con fuerza, observaba en la penumbra mientras la joven pelirroja se movía con gracia por la estancia. Sus ojos se encontraron en un instante de conexión, y fue entonces cuando Kael supo que no podría contenerse por más tiempo. Sin mediar palabra, Kael extendió la mano hacia ella en una muda invitación. Atraída por la magnetismo del momento, la joven se acercó sin pensarlo dos veces y se sentó en sus piernas. Sus cuerpos se unieron en un abrazo apasionado, como si el universo les hubiera preparado para este encuentro. Kael la sostuvo con firmeza, sintiendo la calidez de su piel a través de la tela de sus ropas. Los latidos de sus corazones se fusionaron en una melodía única mientras sus labios se buscaban desesperadamente. Cada beso conquistaba un nuevo territorio, explorando los rincones más ocultos de su deseo compartido. El tiempo dejó de existir en aquel momento, solo existían ellos dos y el fuego que los consumía. Las manos de Kael se deslizaron por la espalda de la joven, acariciando suavemente cada centímetro de su piel, dejando un rastro de electricidad en su sendero, con manos temblorosas y dedos torpes logró deshacerse de la amplia camisa que la pelirroja llevaba y la tela que usaba para ocultar sos redondos senos. Los labios se separaron brevemente, pero sin perder la pasión que los consumía. Sus alientos se entremezclaron, creando una danza en el aire que solo ellos podían comprender. Los ojos de Kael, llenos de deseo y ternura, buscaban los de la joven en busca de una respuesta: la confirmación de que este momento no era un sueño pasajero, sino el comienzo de una historia de amor eterna, por que él la amaba y deseaba pasar toda la vida a su lado. Kael se deslizó suavemente por la espalda desnuda de la pelirroja con sus manos, sintiendo la suavidad de su piel bajo sus dedos. Sus labios, húmedos y cálidos, comenzaron a dejar un rastro de besos por el cuello de la chica, sintiendo cómo la excitación se iba apoderando de ambos. Poco a poco, Kael se detuvo en el pecho de la chica, acariciándolo con delicadeza. Sus labios y lengua se encontraron con la zona, ofreciéndole una sensación de placer indescriptible. Cada lamida que distribuía en ese lugar tan íntimo generaba un gemido melódico por parte de ella, demostrando el placer que le provocaba aquel contacto. El cosquilleo que recorría su piel se volvía más intenso con cada beso y cada lamida. El corazón de Kael latía con fuerza, deleitándose en las expresiones de éxtasis y suspiros que la chica emitía. Ambos se entregaban al momento, disfrutando no solo de la pasión física, sino también de la conexión y atracción que sentían el uno por el otro. En ese instante, todo lo demás se borró de sus mentes. Era solo Kael y la pelirroja, inmersos en esa mágica sinfonía de sensaciones. Cada jadeo y cada susurro les recordaba lo que se estaban regalando el uno al otro, en un acto de amor desbordante y apasionado. Kael, buscando principalmente la comodidad de ambos la recostó con delicadeza sobre la cama logrando deshacerse de su pantalón y ropa interior. Shine separó sus piernas, entregándose plenamente a él con este gesto, se sentía expuesta y vulnerable, aún así, confiaba plenamente en él. Kael prácticamente se arrancó la ropa, quedando completamente desnudo frente a ella, quién le recorría de pies a cabeza con la mirada. El cuerpo del príncipe estaba completamente esculpido gracias a su arduo entrenamiento, unos extraños símbolos estaban tatuados en sus brazos y espalda, el falo del joven se erguía majestuosamente frente a la pelirroja, quién se preguntó cómo demonios alojaría semejante cosa en su interior. Retomaron los besos apasionados, ambos exploraban el cuerpo del otro sin pudor alguno. Kael al ver que la joven estaba completamente húmeda decidió prepararla con sus dedos, logrando que el cuerpo de Shine se retorciera de placer. Llegó el momento de reemplazar sus dedos por su erecto m*****o, abriéndose paso en el interior de la joven lentamente. Fue tan delicado que Shine lo recibió gustosa y cuando estuvo completamente dentro lo abrazó con sus piernas. Kael susurró suavemente el nombre de Shine, mientras se adentraba lentamente en su interior. Ella se aferró a él, sus cuerpos fusionándose en una danza íntima y apasionada. A medida que ella se acostumbraba a su presencia, Kael aumentó el ritmo, moviéndose con mayor intensidad y deseo. Juntos se sumergieron en un torbellino de sensaciones, el calor de sus pieles rozándose y el conocimiento de que ahora eran uno solo. El éxtasis se aproximaba, y cuando finalmente alcanzaron el clímax, ambos se dejaron caer agotados, cada uno hacia un lado de la cama. Kael extendió su mano en busca de la de Shine, entrelazando sus dedos con los de ella en un gesto amoroso. Una sonrisa tierna se dibujó en el rostro de Kael mientras miraba a Shine, reconociendo el amor y la complicidad que habían compartido en ese momento íntimo. Sabían que este encuentro solo fortalecía su conexión y estrechaba aún más sus lazos afectivos. —Te amo... —Susurró ella. —También te amo, mi amor... —Selló aquellas palabras con un dulce beso. °°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°° Los calabozos del imponente castillo se encontraban en un absoluto silencio, solo interrumpido por el sonido de las llaves chocando entre sí, mientras los guardias reales avanzaban con cautela. Sus antorchas iluminaban el camino, revelando oscuros y húmedos pasadizos, la nueva reina, Sasha, había dado aviso de la desaparición de su esposo. Al llegar a la última celda, los guardias se encontraron con una escena aterradora: el cuerpo del rey yacía inconsciente en el suelo, visiblemente maltratado. Su rostro, enmarcado por una barba de plata, reflejaba angustia y dolor. La sorpresa y angustia se reflejaron en los ojos de los guardias, quienes se apresuraron a verificar si aún estaba con vida. ―¡Rápido, llamen a los médicos! ―Ordenó el capitán de la guardia, con su voz llena de preocupación mientras observaba al rey inerte. ―¡Alerta! ―Gritó uno de los guardias, interrumpiendo el silencio. ―¡El príncipe Kael y Shine han escapado! La noticia cayó como una bomba entre los presentes. Sabían que ambos eran inocentes y ahora se encontraban en un paradero desconocido. Por su lealtad hacia el rey no dudaron ni un segundo en voluntarse para la búsqueda de los fugitivos. El capitán, sin perder el tiempo, tomó una rápida decisión. Comunicó la fuga a través de los mensajeros y, en cuestión de minutos, el estruendo de las trompetas anunciando el despliegue de todas las tropas resonó en todo el castillo. Los guardias se prepararon con determinación, equipados con armaduras relucientes y espadas aguzadas. Los soldados partieron en distintas direcciones, guiados por los líderes de cada batallón. El ruido ensordecedor de sus pasos y el resuello de los caballos resonaban por todo el lugar. Determinados a encontrar y traer de vuelta al príncipe y a Shine, avanzaron hacia el horizonte con rapidez y disciplina. °°°°°°°°°°°°°°°°° La habitación del castillo estaba sumida en un silencio sepulcral. Las cortinas rojas y pesadas dejaban apenas entrever los rayos pálidos del sol de la tarde que se filtraban por las rendijas de las ventanas. En el centro de la habitación yacía el rey, su cuerpo magullado y maltrecho mostraba todas las secuelas de una feroz batalla. El doctor del castillo, con su bata blanca y su mirada analítica, caminaba alrededor del lecho del rey. Pasaba delicadamente los dedos por los golpes y hematomas, intentando descubrir alguna señal de vida en aquel cuerpo moribundo. Sin embargo, sus esfuerzos eran en vano. El rey respiraba con normalidad, pero su mirada perdida denotaba que su alma ya no se encontraba en aquel lugar. Desalentado y con un nudo en la garganta, el doctor comprendió que él solo no podía salvar al rey. Sabía que hacía falta la intervención de alguien con conocimientos más allá de lo que la medicina convencional podía ofrecer. Con un suspiro resignado, llamó al viejo curandero del castillo, un hombre sabio y misterioso, conocido por su magia antigua y poder sanador. El curandero llegó rápidamente, con sus ropas raídas y su rostro marcado por los años de sabiduría. Sin decir palabra alguna, se acercó al lecho del rey y comenzó a examinarlo. Sus ojos arrugados se pasearon por cada contusión, cada herida y decrecieron en preocupación. —Mi señor, este hombre es víctima de una maldición muy poderosa —murmuró el curandero. —Una magia oscura se ha apoderado de su cuerpo y debilitado su esencia vital. Se necesita una magia fuerte y pura para romper esta maldición y salvarlo. El doctor asintió en silencio, comprensivo de la complejidad de la situación. Ambos hombres sabían que esta situación requería de una conjunción de conocimientos y habilidades que solo juntas podrían otorgarles una esperanza de éxito. El curandero retrocedió unos pasos y cerró los ojos, sumergiéndose en una profunda concentración. Sus manos comenzaron a entrelazarse en movimientos sutiles, como si danzaran con fuerzas invisibles. Una suave luz dorada comenzó a emanar de ellas, llenando la habitación con una calidez sanadora. El doctor observaba maravillado aquel espectáculo sobrenatural. Fue testigo del poder de la magia en su forma más pura y ancestral. Aquella luz envolvió al rey y poco a poco comenzó a disipar las sombras de la maldición que lo había consumido. Minutos que parecieron horas transcurrieron mientras la luz dorada envolvía al rey y sus heridas comenzaban a cicatrizar, su rostro tomaba un matiz de tranquilidad hasta que, finalmente, sus ojos abiertos recuperaron su brillo y vida. El curandero cesó su magia y retrocedió, observando satisfecho el fruto de su labor. El rey, reanimado, se incorporó débilmente y miró a ambos hombres con gratitud en sus ojos. —Gracias, mis fieles cuidadores —susurró con voz débil pero llena de gratitud. —Mi destino parecía sellado, pero vuestra magia me ha devuelto la vida. —Nada que agradecer su majestad, estoy aquí para servirlo y dar mi vida si es preciso a cambio de la suya. —El viejo curandero miró de reojos a Sasha, quién discimuladamente le dedicó una sonrisa cómplice. —¿Quién pudo hacer esto? —Preguntó alarmada la mujer, fingiendo preocupación. —El rastro mágico de la maldición aplicada al rey tiene el rastro mágico del príncipe Kael... —El silencio inundó la habitación.
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