Arlene miraba a su amiga con sorpresa, ella sabía por experiencia propia que el alcohol puede hacer que una persona haga locuras, pero normalmente uno se sentía muy mal al día siguiente, pero Kalie parecía más bien complacida. —A ver, amiga —le dijo con tono de preocupación en la voz— Tú estabas medio borracha, así que no es tu culpa, ¿Pero estabas consciente de que disfrutabas? —Sí, Arlene —contestó con algo de fuerza y frustración— No sé porqué recuerdo esas sensaciones y tampoco sé porqué me siguen gustando, al grado de que siento algo de excitación al recordar. Ahora sí los ojos de Arlene se abrieron de par en par, que su amiga, la remilgosa Kalie, reconociera abiertamente que ese coqueteo le hubiera gustado y que aún le gustase era algo inédito. Ella siempre había sido muy pudorosa

