La noche era un manto de incertidumbre, roto solo por el parpadeo de las luces del salpicadero del auto de Ismeiry. El dispositivo de escucha, un pequeño círculo n***o con una luz roja intermitente, descansaba en la palma de su mano, un recordatorio de que el Fantasma —o quien estuviera detrás— los había encontrado incluso en su huida. El video del padre de Ismeiry, con su advertencia críptica sobre “los espejos de la mansión,” resonaba en su mente, cada palabra un peso que la anclaba al pasado. Alejandro, en el asiento del copiloto, miraba el dispositivo con una mezcla de furia y miedo, mientras Stefany, en la parte trasera, revisaba el cuaderno de cuero n***o, buscando cualquier pista que hubieran pasado por alto. —Esto significa que saben cada movimiento que hacemos —dijo Stefany, su v

