Ismeiry había planeado cada detalle con la precisión de un depredador. El loft privado, alquilado para la noche, era un santuario de decadencia: paredes de vidrio que reflejaban las luces púrpuras, un suelo de ébano pulido, y un sofá de terciopelo rojo que dominaba el espacio. En el centro, una cama king-size con sábanas negras invitaba al caos. Ella llevaba un corsé de cuero n***o, las correas apretadas resaltando los moretones que Alejandro había dejado en sus caderas y muslos, cada marca un recordatorio de su poder sobre ella. Pero esta noche, quería llevarlo al límite, romper su fachada de control. Por eso había invitado a Antoni, el DJ oportunista cuya presencia siempre sacaba chispas de Alejandro. Estaba apoyada en el borde de la cama, una copa de champán en la mano, cuando Alejandr

