El crepúsculo pintaba Lisboa de tonos dorados, las luces de la ciudad reflejándose en el río Tajo como un mosaico roto. Dentro de un almacén olvidado en las afueras, el aire olía a polvo y metal oxidado, un eco del pasado que parecía resonar con los secretos que Sofía, Ismeiry, Alejandro, Stefany, Daniela y Elena buscaban desenterrar. Javier Montes, el agente internacional que los padres de Sofía e Ismeiry habían confiado, lideraba el grupo a través de pasillos estrechos llenos de cajas apiladas y telarañas. La promesa de un disco con grabaciones que podían exponer a “El Círculo” y a su líder, Mateo Salazar, el Fantasma, los mantenía alerta, cada paso resonando con la esperanza y el peso de sus legados. Montes, con su cabello gris y una calma que contrastaba con la tensión del grupo, seña

