El cielo de Londres estaba cubierto de nubes grises, un velo que parecía reflejar el peso de los secretos que Sofía, Ismeiry, Alejandro, Stefany, Daniela y Elena llevaban consigo. La galería privada en el corazón del Mayfair, iluminada por lámparas de araña y repleta de coleccionistas de arte, era el escenario de la subasta de Laura Mendes, una fachada para las operaciones de “El Círculo.” Vestidos con trajes elegantes proporcionados por Interpol, el grupo se mezclaba entre la multitud, cada uno con un auricular para mantenerse en contacto. La misión era clara: infiltrarse, encontrar pruebas de las actividades de Mendes, y entregarla a Ana Ribeiro, la agente de Interpol que los esperaba afuera con un equipo táctico. Pero la advertencia de Clara sobre Mendes —“Es astuta, más que Crane”— res

