El tribunal internacional de La Haya era un coloso de vidrio y acero, su fachada imponente reflejando un cielo gris que parecía cargar con el peso de los secretos que se revelarían dentro. Sofía, Ismeiry, Alejandro, Stefany, Daniela y Elena estaban sentados en una sala de espera, rodeados por el murmullo de periodistas y el eco de pasos apresurados. Mateo Salazar, el Fantasma, líder de “El Círculo,” enfrentaba hoy su primer día de juicio, acusado de lavado de dinero, tráfico de arte y los asesinatos de Rafael, el padre de Sofía, y Luis Valdez, el padre de Ismeiry. El disco y el pendrive entregados a Interpol, junto con los cuadernos de sus padres, eran la columna vertebral de la acusación, pero la presencia del grupo como testigos los exponía a un escrutinio que reabría viejas heridas. So

