La captura del Fantasma había sido un triunfo, pero sus palabras finales —“No crean que esto termina conmigo”— resonaban como un eco siniestro. Un sobre anónimo, deslizado bajo la puerta esa mañana, confirmaba sus temores: una nota escrita a máquina que decía, “Testifiquen de nuevo, y sus familias pagarán.” Junto a la nota, fotos recientes del grupo en Lisboa, tomadas desde ángulos imposibles, sugerían que los aliados de “El Círculo” estaban más cerca de lo que imaginaban. Sofía, sosteniendo la nota con dedos temblorosos, la dejó sobre la mesa. —Esto no es un juego —dijo, su voz firme pero cargada de preocupación—. Alguien nos está siguiendo. Y saben dónde estamos. Ismeiry, revisando las fotos, frunció el ceño, su mirada pasando de la imagen de ella en el hotel a otra de Sofía en una caf

