La grabadora antigua, con la voz de su padre resonando —“Es alguien que te vio crecer”— seguía en la mano de Ismeiry, mientras los golpes en la puerta del estudio se desvanecían, las figuras encapuchadas habiendo huido ante el sonido de sirenas lejanas. Alejandro, Sofía y Stefany estaban a su lado, sus rostros marcados por el agotamiento y la traición que había fracturado su frágil alianza. La confesión de Stefany, admitiendo que había informado a Clara para proteger a Eduardo, era una herida abierta, pero la pista sobre la prima lejana de Ismeiry, alguien que podría ser el Fantasma, era una luz en la oscuridad. Ismeiry dejó la grabadora en el escritorio, sus dedos temblando mientras recogía los fragmentos del diario encontrado en el compartimento secreto. —Mi prima, Daniela —dijo, su voz

