Capítulo 33. Génesis de sangre

1022 Palabras

Elara estaba sentada al borde de la cama, las muñecas doloridas, aún marcadas por el roce de los grilletes. El frío del lugar se le metía en los huesos. Cada pared blanca le recordaba que no era un lugar para descansar, sino una celda disfrazada de hospital para experimentar con ella. La puerta se abrió con un sonido suave. Sterling entró, impecable, con una camisa azul oscuro y las mangas arremangadas. En su rostro había una sonrisa serena, como si todo lo que estaba ocurriendo fuera inevitable y lógico. Incluso normal para él. —¿Dormiste algo? —preguntó con un tono casi paternal. —¿Dormir? —Elara lo miró con furia—. Después de que me secuestraste y me encerraste aquí, ¿esperas que me sienta cómoda y pueda descansar plácidamente? Sterling suspiró al oír su tono, acercando una silla pa

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