Capítulo 3

1076 Palabras
—¡j***r, dios mío! —grito molesta saliendo de mi habitación—. ¡Ya voy! Adrien, Erica y Mía viajaron a San Sebastián, en el País Vasco, para la boda de una prima de Eri, justamente ese día el equipo estaba libre y aprovecharon. Yo no pegué un ojo en toda la noche por culpa del insomnio, por lo que iba a aprovechar la tarde para dormir y recuperar mi falta de habla, pero alguien decidió arruinar mis planes. Bajo perezosamente las escaleras y cuando abro la puerta, la claridad hace que cierre los ojos por unos segundos. —Si no me quieres ver, dímelo —al escuchar la voz de Samuel, abro los ojos de un tirón. —Hola —sonrío sin mostrar mis dientes y cerrando un ojo de nuevo. Bendito sol. —Hola —sonríe y no sé si lo que no me deja abrir los ojos es el sol o como brillan sus perfectos dientes. —N-no me digas que esta es la que te... debía de ayer —él suelta una carcajada y entra a la casa. —¿Estabas durmiendo? —me pregunta, mientras cierro la puerta. —Eso... intentaba. —Un poquito. Ya no me debes una, o bueno, todavía me la debes —me mira burlón, mientras se tira en el gran sofá—. Venía a invitarte al cine, pero ya veo que no saldrás. —¿Qué co-comes, qué... adivinas? —camino hacia el sofá y me acuesto en él, poniendo mi cabeza en su regazo. —Ponme al día de tu vida entonces. ¿Cómo va todo con lo de tus pesadillas? Mis pesadillas comenzaron la última vez que vine a Madrid. Esta se repite cada noche, incluso añadiendo más cosas. Básicamente se trata de que voy cruzando una calle y veo venir un coche, me quedaba inmóvil y a la final, me terminaba atropellando. —Buah, la última vez que... dormí una noche completa fue hace un m-mes, cuando Theo y yo nos quedamos... dormidos en el sofá viendo películas. Creo que el te-tener a alguien conmigo, me hace sentir...  segura. Pero nadie quiere dormir conmigo porque des-despierto a todo el mundo con mis gritos. Y como te das cuenta, e-estoy hablando... pésimo. —¿Qué tal si... duermo contigo? —Ni en tus más locos... sueños —acaricio su mejilla, mientras me levanto a buscar un poco de café para ayudar a que mi habla mejore. —Tenía que intentarlo —sonríe con los ojos cerrados y siento que voy a llorar corazones. —Me encanta tu so-sonrisa —suelto, sentándome en las sillas de la cocina con mi taza de café en mano.  La sonrisa de Samuel se ensancha más, mientras escondo mi rostro con mis manos, debido al calor que estaba posado en mis mejillas. —¿Qué dijiste? —Ol-olvídalo —contesto apenada, tomando un gran sorbo del café con leche. —Para que sepas, tu sonrisa es la más preciosa de todas —sonrío en un acto involuntario y como siempre, a cada lado de mi sonrisa, se forman mis hoyuelos—. Me encantan tus hoyuelos. —¿Quieres algo... de comer? —Estoy muy bien —el futbolista me abraza por detrás y salto por la sorpresa. Me volteo para verlo y sus ojos azules con destellos verdes brillaban como nunca, atrayéndome más a él. —¿Por qué tus ojos son tan hermosos? —suelto de la nada y Saúl sonríe de nuevo—. No entiendo que me pasa hoy... lo si-siento. —Me gusta, no cambies —contesta enrollando mi cabello en su dedo. —¿Vamos a estar toda la tarde... así? —pregunto, tirando mi mentón en su hombro. —No me quejo —rio por su comentario y salgo corriendo a la sala de estar—. Vamos a jugar algo, ¿las diez preguntas? —Me conoces más que yo. —Eso es verdad. ¿Netflix? —espeta. —Tenemos que ver Glee. Además, aquí no, mejor en mi habitación —digo, agarrando la portátil que estaba en la mesa. —Si me quieres en tu cama, sólo pídemelo —Samuel se levanta y se acerca a mí. Acaricio su mentón acercándolo más a mi cara,  para luego salir corriendo escaleras arriba. Sigamos con mi broma. —Dupont, me debes dos —murmura, cuando entra a mi habitación. —Ya, ven —palmeo el espacio vacío a mi lado. Samuel se quita sus zapatos y se mete entre las sábanas, acurrucándose a mi cuerpo. Pongo "Glee" que es mi serie favorita y ya había hecho que a Samuelito también le gustara. Vimos cinco capítulos de la tercera temporada, hasta que escucho mi estómago rugir. —¿Escuchaste eso? Son mis tripas pidiendo auxilio. —¿Vas a pedir pizza? —pregunta al verme, marcando un número. —Sí —termino de marcar y de una le paso el móvil para que hablara, no me gusta las llamadas. Pedimos una pizza familiar mitad jamón y mitad de piña, obviamente la de piña era mía. Y luego de comerla, volvimos a mi cuarto a seguir viendo la serie. —Finn es un bebé, te juro que sí —murmuro en mi voz de bebé, con la que normalmente le hablaba a Mía—. Lo extraño demasiado. —Y Rachel es una bebita también —habla con voz aguda, cosa que me hace reír muchísimo.  Seguimos viendo el capítulo, mejor dicho, yo seguí viendo el capitulo, porque Samuel no dejaba de mirarme y lo noté cuando acarició mi mejilla, haciéndome sonreír ante su tacto y cuando mis hoyuelos aparecieron, él pasó su dedo por uno de ellos.  Me volteo a verlo y Nuñez corta la distancia que había entre nosotros. Al principio me toma por sorpresa, pero luego me dejo llevar. Era un beso dulce y delicado, asimismo había necesidad en él. Nos separamos por la falta de aire, aunque nuestras frentes permanecieron juntas. Samuel me observaba, pero no podía levantar la mirada. —Bueno, bueno —susurra rompiendo el cómodo silencio. —Ahm... —Camz —acaricia mi mentón y sube mi rostro, para que lo mirara—. Eres lo más precioso que existe. —Deja de decirme esas cosas —murmuro, golpeando su hombro. —No seas aburrida —se acerca mucho a mi cara y amaga con besarme—. ¿Por qué no? —¡Parezco un tomate! —Samuel suelta una de sus carcajadas escandalosas que hacen reír a quien sea. —Tengo sueño —comento después de reírme, con bostezo acompañado. Samuel mira su móvil para ver la hora y al encender la pantalla, abre los ojos como platos. —Son las once y media, es tar... —lo interrumpo cuando lo veo levantándose apurado. —Quédate —me estiro un poco y tomo su mano. Samuel se voltea y me mira de lado.  —¿En serio? —Estoy sola —contesto haciendo un puchero. —Dios, cada vez que haces esa cara me dan ganas de comerte —da unos pequeños saltos de emoción y corre hacia la cama. Vuelve a acostarse a mi lado y me pega más a su cuerpo. El español me rodea con sus brazos y recuesto mi cabeza en su pecho, este besa ligeramente mi cabeza, haciendo que una gran sonrisa se posara en mi rostro. Poco a poco, mis ojos se fueron cerrando, hasta que me quedo completamente dormida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR