28 Nora Temblando de la cabeza a los pies, miro a Julian y el dolor me oprime el pecho. Lleva en el hombro un vendaje mal puesto y sucio por el que cala la sangre; su cuerpo desnudo es una masa de cortes, heridas y rasguños. La cara está todavía peor. Bajo la venda desgastada que le cubre la frente no queda un hueco que no esté manchado o hinchado. Sin embargo, lo más horripilante de todo es la gran hendidura sangrante que le recorre la mejilla izquierda y que asciende hasta la ceja, un puñado de carne andrajosa en el lugar donde tenía el ojo. «En el lugar donde tenía el ojo». Le han sacado el ojo. Ahora mismo no puedo ni quiero pensar en ello. Por ahora, Julian está vivo y es lo único que importa. Está amarrado a una silla de metal, tiene una pierna atada a cada pata y los brazos su

