Hace media hora que dejé de estar sucia y mal oliente; no obstante, sigo aplicando jabón y enjuagándome como si mi vida dependiera de eso. «Fue vergonzoso que el amo tapara su nariz ante mi peste». Dos lágrimas se deslizan por mis mejillas, mezclándose con las gotas perfumadas. Es tan injusto que todas hayan planeado sacarme de la jugada con mentiras y trampas. Ahora más que nunca debo ponerme fuerte, enfocarme y esforzarme el triple. «Mis calificaciones bajaron a cero». Ahogo un chillido de frustración. «Por lo menos él me defendió». ¿Por qué estoy sonriendo como tonta? Que él haya intentado librarme no significa nada. Ese tonto está encerrado con Marlene haciendo Dios sabe qué con ella. ¡Lo odio! El agua que palmeo como manera de desahogarme salpica por todo el baño. Una hora des

