El amo corta mi fruta, me sirve jugo y unta mi pan con mermelada. Me quedo observándolo entretenida con sus movimientos. A veces el amo es demasiado mimoso conmigo, pero si él es feliz siendo así, yo no me quejo; al fin y al cabo, es la única persona que me ha tratado tan lindo después de que me fuera arrebatada mi familia. De alguna forma, su trato me recuerda a ellos y me hace sentir en casa. «No te acostumbres». Otra vez esta sensación de culpa y tristeza. Miro al amo quien come con semblante feliz y eso me gusta. Es la primera vez que lo veo tan relajado y alegre, y saber que yo le causo esa felicidad, me hace feliz a mí también. «¿Cuánto le durará?» Me encojo de hombros y decido empezar a comer. El amo y yo estamos desayunando en un comedor privado que él mandó a preparar solo pa

