Despierto sintiéndome una pluma ligera. Anoche dormí tan bien... Es la primera vez en muchos años que siento paz y seguridad al dormir, y que no tengo sueños extraños ni desagradables. —Ya estás despierta. —Me incorporo de golpe cuando escucho la voz del amo. ¿Qué hace él en mi habitación? «Tonta, tú estás en la de él». Ah, cierto... Espera, ¡¿qué?! Miro a mi alrededor agitando mi cabeza con incredulidad, entonces me percato de que estoy desnuda y de que él tiene el torso descubierto. Se encuentra sentado en un pequeño sofá que queda frente a una ventana de cristal, que da vista a las imponentes montañas. Tiene su pluma negra que usa para escribir sus poemas y una libreta ancha y de hojas delicadas en las manos. Tomo la sábana que solo me está cubriendo las piernas y la extiendo hast

