Doy varios toques y espero paciente a que el amo abra. Ya no sé si es el pecho o el estómago que me duele, pero siento como si tuviera taquicardia o algo por el estilo, y hasta ganas de ir al baño me da de repente. «Deja tus nervios». —Pasa... —El amo deja de hablar cuando me ve. Su boca se queda abierta mientras sus ojos examinan mi cuerpo de una forma que me hace temblar más de lo que ya estaba. ¿Por qué me mira como si quisiera destrozarme? —El comedor hasta allí. —Señala a su izquierda y me encuentro con unas cortinas rojas, que me imagino cubren la otra parte de la habitación. Camino tan lento, que una tortuga se burlaría de mí en este momento; sin embargo, ya me encuentro traspasando la tela. ¿Cómo llegué tan rápido? —. ¿Te gusta? Doy un respingo cuando siento al amo detrás de mí

