—Aun no lo estamos, preciosa. Me cacheteaste, mordiste y arañaste; necesitarás más que un beso para compensar tu ataque. Y este, ¿qué? —¿Piensa hacerme lo mismo? —Lo miro con desafío mientras le sonrío con altanería. —¡Jamás! Yo nunca te haría tal cosa. De momento me siento culpable. —No te pongas triste. —Acaricia mi nariz con la suya—. Me gustó que vomitaras todo eso que te hacía daño y que por fin te defendieras, por eso ahora eres más fuerte y atrevida. Comoquiera me siento mal. Le falté el respeto al amo y fui violenta con él, me preocupa que esa situación se vuelva a repetir. —¿Cómo puedo compensarlo? —¿De verdad quieres compensarme? —Asiento y me muerdo los labios—. Entonces duerme conmigo esta noche. Te quiero en mi lecho, Adelaida. ¿Qué? Creo que no hay forma de que pued

