—¿Sabe qué más se comenta en la mansión? —dice Ana con sus ojos mieles agrandados y expresión dramática. Bien, es hora del chisme. Este es el momento en que mis mucamas me informan de todos los acontecimientos y rumores de la mansión. —¿Qué más se comenta? —inquiero con ironía antes de sorber mi té. Ella hace lo mismo con el suyo para luego responder: —Que el amo no se acuesta con Rosaline —dice haciendo muecas de satisfacción. De inmediato, dejo salir el contenido de mi boca, sufriendo de un ataque de tos. —¡Ama! —Ambas se me acercan espantadas y me dan palmadas en la espalda. —¡Ves lo que provocas! —Le reclama Lidia con angustia. ¡Qué exageradas! —Estoy bien... —mascullo con nerviosismo, porque, si bien me he recuperado del ataque de tos, de aquella información no he podido—. ¿De d

