Nikanor Camino junto a mi padre quien a su vez viene con su esposa. Ella tiene su brazo entrelazado con el de él y le sigue el paso con su figura erguida y su mirada de señora poderosa y distinguida. Desde que la vi, mi cuerpo se tensó y una incomodidad se instaló en mi pecho. Es una sensación extraña que me provoca mantenerme más lejos que de costumbre de esa mujer, como si mi subconsciente me gritara que huyera de ella. «Es la misma sensación que siento con Rosaline». —Nikanor Zervas, ¿qué te pasó? No otra vez. Estoy cansado de tener que inventarme excusas para explicar mi labio cortado y los arañazos de mi cara. —Fui atacado por una gatita salvaje y asustada —respondo con un atisbo de diversión; no obstante, siento culpa y tristeza al recordar a Adelaida temblando del temor y c

