Capítulo 3

1254 Palabras
—¡Este cabello es un desastre! —se queja una mujer que me hala las hebras con un peine. Ahogo un grito ante el dolor. ¡Me va a arrancar los cabellos! La mujer morena y robusta, de cabello crespo envuelto en un pañuelo plateado que combina con su cinturón, sigue "peinando" con fuerza, como si llevara a cabo una lucha con mi cabellera. Duele. Estoy metida en una tina con agua y hojas aromáticas, según ellas, me desinfectan de mi suciedad. Veo las hebras vueltas nudos caer en el agua; a este paso me quedaré calva. —¿Ya la esclava está lista? —Escucho a la tal Yaja preguntar. Después de varios jalones más, salgo de la tina envuelta en una manta, para ser dirigida a los vestuarios. Es el mismo donde me vestí anteriormente, pero ahora tiene grandes cofres con ropas diferentes, además de que hay como unas quince chicas aquí. Todas escogen prendas con marcada emoción, vistiéndose a su gusto. Rebusco entre los cofres sin idea de qué usar. Encuentro un vestido blanco y me lo pongo, tomo un cinturón dorado para apretar mi cintura y uso los primeros zapatos que me quedan. Cuando termino, me siento en una esquina de las largas banquetas a esperar instrucciones. —¿Solo te pondrás eso? —Una chica de cabellos dorados y ojos azules me aborda. Ella lleva un vestido celeste, que ajusta sus pechos, un cinturón del mismo color, pero en un tono oscuro y la falda del vestido es de tela transparente y abundante. Joyas de oro la adornan, asimismo, un maquillaje en tono rosa. Ella es hermosa. Asiento sin emitir palabras. No entiendo la algarabía y felicidad, al fin y al cabo, seguiremos siendo esclavas. —Con ese vestuario no vas a impresionar al joven heredero. Debes buscar la manera de sobresalir, la competencia está reñida. Según escuché, el joven heredero solo escogerá a cinco concubinas, el resto, será simples criadas. Me encojo de hombros ante su explicación. Ser criada no está mal. Es mejor que limpiar la caca de los animales. —No le veo el beneficio de ser una más en la cama de ese hombre. Ella abre los ojos con exageración y me mira como si yo fuera un bicho raro. —No es solo estar en su cama, es que dejarías de ser esclava. Tendrías un título en la sociedad, lujos y servidumbres, aparte de criar los hijos del amo. Suspiro. No quiero estar en la cama de nadie ni parirle hijos. Pero el asunto de dejar de ser esclava y tener un título en la sociedad capta mi atención. La chica sigue parloteando sobre sus trucos para captar la atención de un hombre; me da tristeza ser testigo de cómo la esclavitud nos cambia, a tal punto, de dejar nuestra esencia. Tal vez la meta de ella alguna vez fue ser una artista o maestra, quizás conocer el amor y formar una familia. Ahora su meta es conquistar a un hombre para no seguir sufriendo precariedades. Es triste nuestra situación y no hay nadie que venga en nuestra defensa. Todos los hombres ricos son abusivos y no merecen nuestra lealtad, ellos nos tratan como animales, nos comercian como simple objetos. Un vestido fino tiene más valor que nosotros. Suspiro. No quiero ser la concubina de aquel hombre tirano, que usa la esclavitud para saciar sus deseos más bajos. ¿Para qué necesita él a tantas esposas? Recuerdo que mi padre era feliz con mi madre, él no necesitaba más de una mujer para saciarse, mamá le era suficiente. —¡Todas, fórmense ya! —grita Yaja cuando entra. Ella es una mujer hermosa y elegante, de cabellera rojiza y rizada. Sus ojos son verdes y su piel muy blanca. Lleva un vestido que se ajusta a la perfección a su cuerpo voluptuoso, que luce atractivo con sus curvas resaltadas. Me levanto con rapidez y me formo en la línea; unos guardias se paran a cada lado de la puerta y, mientras vamos saliendo, nos revisan. Más guardias nos dirigen hacia la salida, donde se encuentran varios carruajes. Me subo a uno donde caben cuatro chicas más y una criada que nos vigila. Cierran las puertas con seguro, para que no podamos escapar. Cuando todas estamos en nuestros respectivos vehículos, los caballos empiezan su corrida. Temo por mi futuro, por lo que me espera en esa mansión. Temo no poder cumplir mi promesa o que ya no haya nadie esperando por mí. Mi familia...  Suspiro con resignación. Por lo menos ya no seré una esclava de bajo rango, eso es un avance.   "¿Dónde está mamá?" "Rafa, vuelve a tu escondite". "Mamá no está. Debo ir por ella". "¡Rafa, no!" Los movimientos bruscos del carruaje me despiertan, froto mis ojos y bostezo. Miro a las chicas que me acompañan, algunas duermen y otras están sumidas en sus pensamientos. ¿Qué pasará por sus mentes? ¿Extrañan a sus familias? ¿Cuál será la historia detrás de su esclavitud? Los movimientos se detienen y las puertas son abiertas. ¡Por fin! Ya tenía el cuerpo acalambrado. Después de que la criada sale, imitamos su acción siendo dirigidas por su voz, que nos guía a ubicarnos de forma ordenada frente a una enorme y hermosa casa. No tengo idea de dónde estamos, pero es un lugar remoto, rodeado de árboles. Cada grupo es dirigido por su criada a la entrada, donde un camino terroso nos recibe; a cada lado hay grama verde, flores y plantas.  Al entrar a la casa nos quedamos sorprendidas con el lujo. La decoración es hermosa y elegante, como si en vez de esclavas fuésemos princesas. —Ustedes ya no son unas esclavas comunes y corrientes. Son las criadas privadas del joven heredero que serán entenadas y puestas en competencia, donde cinco de ustedes podrá convertirse en concubinas. Tendrán un entrenamiento especial de cómo servir a nuestro amo, tanto como criadas privadas o como concubinas. Cabe destacar, que no solo aprenderán a vestirse de forma adecuada y a servir y preparar el té; deben aprender a leer y escribir, algún arte que las haga sobresalir, a coser y a comportarse con etiqueta. El joven heredero vendrá a visitarlas en una semana, allí mostrarán las habilidades aprendidas. Luego vendrá cada mes a evaluarlas, hasta que se tome la decisión final. La favorita del heredero, será su concubina especial, la principal después de la esposa. ¿Después de la esposa? ¿Acaso ese hombre es casado? >> El joven heredero de seguro recibirá muchas propuestas de matrimonio —continúa Yaja—. Hijas de nobles querrán ser desposadas por él, mas dependiendo de qué tan bien hagan su trabajo y, si logran atrapar el corazón de nuestro amo, una de ustedes podría llegar a ser su esposa legítima y la señora de la mansión. Sí, claro. Esos señores se casan con mujeres de su círculo, la mayoría de veces por negocios e influencia. Es una fantasía pensar que una esclava pueda llegar a ser una esposa legítima. Me imagino que esas palabras son una motivación al esmero y el entusiasmo, pero me temo que eso solo traerá contiendas y tensión a la competencia; todas lucharán por ser la favorita; me las imagino usando trucos para ganarse el corazón de nuestro amo. Por mi parte, me mantendré al margen de esta competencia; prefiero ser una criada especial con techo y comida asegurada, de todas formas, buscaré la manera de recuperar mi libertad.
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