Entre árboles y miradas

420 Palabras
Magui reía mientras Davis le enseñaba cómo lanzar pequeñas piedras al jardín desde el pórtico. La tarde caía suave sobre Mount Rainer, bañando la casa en tonos dorados. —Mirá, mamá, ¡la pasé por acá! —dijo el niño, señalando su tiro perfecto. Magui sonrió y aplaudió. —¡Sos un campeón, mi rayito de luz! De pronto, un crujido seco proveniente del bosque cercano hizo que su corazón se detuviera por un segundo. Davis se pegó a ella, sus ojos verdes brillando con un destello amarillo miel, y Magui sintió cómo la tensión la recorría entera. —¿Qué fue eso? —murmuró, su voz temblorosa. —No te preocupes —dijo una voz calma y firme—. Solo quedate quieta. Noah apareció entre los árboles, avanzando con pasos seguros y controlados. Su mirada se posó en ellos, evaluando, pero sin mostrar amenaza. —Escuché el ruido —dijo—. Vivo a unos metros de aquí. Quería asegurarme de que todo estuviera bien. Magui soltó un suspiro de alivio, aunque aún contenida. —Gracias… —susurro suavemente Pero Noah no estaba solo. Detrás de él, apenas visible entre las sombras de los árboles, una figura imponente permanecía quieta. Zack observaba con ojos azul profundo, evaluando cada gesto de Magui y Davis. Su interés era claro, aunque su expresión permanecía fría y calculadora. Cada movimiento de la mujer y del niño lo atraía, despertando una curiosidad que no estaba dispuesto a admitir. —Parece que todo está en orden —dijo Noah, mirando de reojo hacia Zack, divertido por la tensión silenciosa que emanaba del hombre detrás suyo—. Nada que temer. Magui miró entre los dos hombres, confundida y un poco inquieta. Noah tenía un aire relajado, seguro, mientras que la presencia de aquel hombre detrás de él la hacía sentir como si el bosque mismo la estuviera evaluando. Davis permanecía junto a ella, con el pecho aún subiendo y bajando rápidamente, observando al hombre detrás de Noah con desconfianza, sus ojos destellando una vez más con ese brillo misterioso. Zack permaneció inmóvil, invisible para ellos, pero cada detalle quedaba grabado en su mente: la manera en que Magui protegía a su hijo, la calma contenida detrás de su miedo, y la chispa de diferencia que Davis irradiaba. El sol desapareció tras las montañas, y con él, la sensación de que el bosque estaba solo. Sin embargo, Magui no lo sabía: los ojos que los habían observado desde las sombras no se apartarían tan fácilmente.
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